Apuntes Km 20/10

lunes, 20 de diciembre de 2010 00:00
lunes, 20 de diciembre de 2010 00:00

Algunos pronunciamientos de circunstancia y amenazas no cumplidas se conjugaron para tapar un hecho grave y harto peligroso para la Justicia de Catamarca. Se trata de la conducta observada por el ministro de la Corte, doctor José Cáceres, quien el mes pasado sobrepasó todos los límites de la convivencia democrática al invadir el despacho del fiscal Mazzuco y recriminarle, de muy mala manera, por la detención de un ciudadano. A pesar de que existieron, al día siguiente, disculpas del cortesano, nada borra una actitud que está mucho más allá del exabrupto mismo. ¿Qué se puede pensar de la seriedad y equidistancia de la señora de ojos vendados si existen arremetidas espontáneas como la practicada por el doctor Cáceres? ¿No será lícito pensar que otras situaciones donde están en juego la libertad de los ciudadanos, o sus bienes personales, se pueden manejar en base a influencias si un ministro de la Corte, nada menos, puede avanzar sobre un fiscal?
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Una vez ocurrido el hecho, el cuerpo de fiscales se reunió para repudiar a Cáceres y hasta amenazó con la renuncia en masa para dejar establecido el ejemplo que dimensione una circunstancia que, en ámbitos de la Justicia, tiene una gravedad institucional inmensurable. A esta altura del tiempo, sin que haya habido renuncia alguna o denuncia de cualquier tipo, los ciudadanos tienen derecho a pensar que las voces altisonantes fueron una estrategia para buscar tapar el hecho y que el tiempo lo vaya enterrando en el olvido.
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Sin embargo, ninguna estrategia puede borrar definitivamente un ataque a la investidura de un fiscal ni a su total independencia para actuar en nombre del Estado. No se trata de dramatizar ni frivolizar lo ocurrido, pero el tema es que la conducta de Cáceres puede llegar a configurar un delito (¿coacción? ¿incumplimiento de los deberes de funcionario público?) y los propios miembros de la Justicia, con el silencio y la falta de compromiso, parecen mirar para otro lado y subestiman algo que, ahora, se quiere hacer pasar como un dislate pasajero o aislado.
 

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