KM 20/10

lunes, 27 de diciembre de 2010 00:00
lunes, 27 de diciembre de 2010 00:00

A las muertes por accidentes de tránsito, que se suceden sin solución de continuidad y que este año marcarán un nuevo récord, se sumaron en 2010 los asaltos con características violentas y algunos asesinatos cargados de crueldad. Los últimos se produjeron recientemente, uno en el barrio La Viñita y el restante en Icaño. En el primero, una mujer en la plenitud de su vida fue degollada por su propio sobrino; y en la ciudad de La Paz dos jóvenes le quitaron la vida a una pareja de ancianos. Todavía no está completa la investigación, pero ya existe seguridad sobre los autores materiales de los hechos, en los cuales resalta la sombra de la droga, una forma razonable de entender la saña aplicada para matar.
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Como lo vinimos diciendo en este kilómetro periodístico, que recorre los últimos tramos de 2010, la violencia ha sido la característica saliente de varios asaltos, especialmente los cometidos contra algunas reconocidas familias del Valle Central. Aparte, de los mismos hechos emerge claramente que los delincuentes contaban con información precisa de la existencia de efectivo o joyas, lo que habla de una planificación muy distinta a la que aplican los delincuentes comunes que, por lo general, atacan domicilios donde hay ausencia de personas y se apoderan de lo que encuentran, sea un electrodoméstico, ropa o algún dinero. Todo al azar.
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La organización de la delincuencia, de más está decirlo, representa un verdadero peligro para la sociedad y una señal de alarma para la Policía provincial, la cual deberá preparar sus cuadros de prevención de los delitos de manera sostenida, so pena de verse desbordada por los hechos. En este orden, bueno sería coordinar acciones con las entidades bancarias, porque desde allí pueden salir informaciones que sirven a los delincuentes para marcar a las posibles víctimas. También revisar hacia adentro de la fuerza el comportamiento de sus efectivos, los que con mayor frecuencia en la Argentina, dejan de lado sus deberes para “colaborar” con el delito.
 

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