Apuntes

domingo, 5 de diciembre de 2010 00:00
domingo, 5 de diciembre de 2010 00:00

No es casual que en Catamarca haya cada vez más robos violentos, más arrebatos, y que surjan víctimas impensadas, como mujeres que se trasladan por barrios humildes con alguna cartera o monedero en las que guardan apenas unos pocos pesos: esta clase de robos y hurtos suelen estar motorizados por muchachos desesperados por conseguir drogas, y en su sinrazón ni siquiera distinguen, como lo haría un ladrón consumado, qué botín merece correr el riesgo que implica un atraco. La delincuencia que genera el mundo de la droga, a partir de la proliferación de adictos, es quizá la más peligrosa: allí no se conocen códigos ni límites, no se miden consecuencias, no hay posibilidad de diálogo, y el menor incidente puede desencadenar una tragedia.

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Es alarmante que un panorama tan crítico no movilice a las autoridades, y que el área que debe asumir un rol protagónico de acción, en la que se llegó a nombrar a punteros políticos en lugar de alguien consustanciado con la temática a llevarse a cabo, no sea valorada convenientemente. Nada sería más gratificante, aún con los problemas actuales, que observar un esfuerzo oficial por combatir este flagelo. Si se reconociera la dimensión del problema, o se procurara revertir la situación, podría considerarse que la gravedad de la amenaza comienza a atenuarse.

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En más, el tema seguridad ha vuelto al primer plano por los violentos asaltos cometidos contra familias que, al parecer, fueron marcadas por alguien por haber obtenido dinero de alguna transacción. Como lo dijimos en su momento, hace varias semanas atrás, este es un nuevo elemento que se suma al problema inseguridad y tiene que ver con la formación de bandas para realizar este tipo de operaciones. Ahora bien: ¿Quién proporciona la información a los delincuentes? Eso es precisamente lo que debe averiguar la Policía, a través de su departamento Investigaciones, para trasmitir tranquilidad a la población.

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