Apuntes KM 20/10

jueves, 9 de diciembre de 2010 00:00
jueves, 9 de diciembre de 2010 00:00

Todos saben que no es un asunto más, sino algo muy parecido a aprisionar una brasa con la mano. Nos referimos al conflicto institucional que se ha planteado en el municipio de Santa Rosa y que tiene como responsable absoluto al intendente Elpidio Guaraz que, en tiempo récord, produjo una situación nunca vista en 27 años ininterrumpidos de democracia. Acompañado de matones pagos, traídos desde el sur tucumano y de los barrios más reos de Catamarca, se dio el lujo de destruir una institución de la misma democracia: el Concejo Deliberante de aquel bello paraje del Este de la provincia. Nada menos y nada más que el cuerpo que tiene que controlar sus acciones como jefe comunal.
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Es muy cierto que ese Concejo Deliberante, aduciendo un dudoso manejo de los fondos públicos, se aprestaba a suspenderlo en sus funciones. También lo es que existen circunstancias políticas, alrededor de los intendentes, que nunca terminan de clarificarse, como ha ocurrido en San José (Santa María) o anteriormente en Recreo. Todos son buenos argumentos, pero lo que no pueden hacer ni Guaraz ni nadie es llevarse las instituciones por delante, como efectivamente ha ocurrido. Mucho menos con maniobras grotescas de hacer sesionar (¿) una sola concejal que, para colmo, es su propia hermana. ¿Dónde se ha visto esto? En tiempo modernos, en ninguna parte.
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El problema está planteado y requiere respuestas que, está claro, no tienen que ver con los tiempos extenuantes y no aptos para los nervios de la Justicia. Aquí hay un intendente suspendido que no abandona su despacho y sigue actuando como ni no hubiera pasado nada. A la par, los concejales que han tomado medidas, según los guaracistas, han sido destituidos. Hay concejales suplentes que creen estar en funciones. Hay de todo y la situación no puede prolongarse. La Justicia tiene la palabra.
 

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