Columna Política

jueves, 02 de septiembre de 2010 00:00
jueves, 02 de septiembre de 2010 00:00

Días pasados hicimos referencia a cómo se han estructurado las cosas, de aquí al futuro, dentro del kircherismo vernáculo. Las dos figuras principales, Dalmacio Mera y Lucía Corpacci, independientemente de que puedan existir otras, coinciden en trabajar en función del proyecto nacional y en paralelo a las acciones de la Casa Rosada. Deben hacerlo, al menos, en lo que resta de 2010 y después serán los números de encuesta los que decidan las posiciones que ocuparán en las elecciones de marzo y octubre de 2011. El compromiso no alude, al menos hasta hoy, a la interna que ha convocado el peronismo y que, según se dijo oportunamente, hay que enfrentarla –si existen las garantías solicitadas- para evitar la diáspora que persigue como una maldición al conjunto del peronismo.


Que no haya enfrentamientos en el dúo Dalmacio-Lucía, sin embargo, no invalida algunas diferencias muy claras entre ellos, aparte de las formas de hacer política. Lamentablemente, esas diferencias se han trasladado, a nivel de una interna rabiosa, a un organismo público como el ANSES, donde también se hace política, especialmente desde que se implementó la Asignación Universal por Hijo, un plan que ha levantado las acciones de la Casa Rosada en forma considerable. La puja que sostienen allí los representantes de Mera y Corpacci, según empleados que fueron consultados por El Esquiú, es indisimulable.


Manuel Isauro Molina es el jefe local de la ANSES y responde, como todos saben, a Lucía Corpacci, en tanto Gustavo Aguirre, un militante político de trato estrecho con Mera, es el jefe regional. Los celos entre ellos y las peleas por reivindicar a sus respectivos jefes vienen desde hace un tiempo y, esto es lo peor, colocan en situación incómoda a algunos empleados. Ojo con estos comportamientos: hacer política con los bienes del Estado, y de esta manera, no es decoroso ni conveniente.

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