Columna Política

miércoles, 22 de septiembre de 2010 00:00
miércoles, 22 de septiembre de 2010 00:00

La renuncia de Krapp al cargo de Secretaria de Turismo, fue ayer el murmullo generalizado en todos los ámbitos de la administración pública. Lógico. Se trataba de una funcionaria que, a todas luces, parecía intocable y con la sensación de tener facultades más amplias que sus pares. Pero como todas las cosas tienen límites, y en ese orden hasta el imperio romano se cayó, también a Catalina le llegó la hora. Las desprolijidades manifiestas que se cometieron en la puesta en marcha y funcionamiento de la hostería de El Portezuelo, sumadas al hecho morboso de colocar a familiares en medio de un negocio con dependencia estatal, fueron argumentos que desbordaron al gobernador y lo obligaron a pedir la renuncia. Porque esa fue la verdad y no la formal que el ministro Javier Silva, obligado por las circunstancias, tuvo que dar a conocer a la prensa. ¿O alguien pensó que, después de tantos embrollos y polémicas, a Catalina se le despertó un repentino desprendimiento? Nada que ver, como dicen los muchachos del bar. Directamente la echaron.


Sin Catalina como escollo insalvable para discutir posiciones políticas, varias figuras le apuntaron sin miramientos a quien consideran el autor material del escándalo: Gustavo Jalile. Primero fue el presidente de la Convención, Amado David Quintar; después el jefe del bloque de Diputados, Juan Pablo Millán; y luego una serie de hombres vinculados al radicalismo que salieron a ventilar que el jefe comunal chacarero conspira contra el propio radicalismo, lo que es lo mismo que decir que le hace el juego a la oposición. Para peor, como “buen gallo” que se considera, Jalile no para de endilgarle responsabilidades políticas al gobernador y a funcionarios de distinto nivel.


Una vez más hay que aceptar que, muchas veces, se sabe como comienza un problema, pero no cómo habrá de terminar. Gustavo Jalile, le guste o disguste a Quintar, Millán, o Boggio, tiene raigambre radical y nadie puede discutirle su cuna radical. Por ello, es muy difícil que abandone el partido, una situación a la que parece sus correligionarios quieren empujarlo. Mucho más porque Jalile sabe, por acción u omisión, que se ha convertido en la verdadera oposición interna. No en vano cosechó, en la interna del mes de junio, un número de sufragios que no cualquiera puede ostentar.
 

Comentarios