KM 20/11

viernes, 14 de enero de 2011 00:00
viernes, 14 de enero de 2011 00:00

El paso del rally de Dakar por Catamarca dejó en este 2011, a diferencia de las ediciones anteriores, un saldo claramente negativo. El hecho de que los competidores sólo hayan pasado fugazmente por Tinogasta, eliminó los potenciales beneficios de promoción turística y generación de movimiento económico que se había advertido cuando en esta provincia se había ubicado uno de los puntos donde se detenían los equipos. Esta vez, el negocio interesante quedó para los riojanos, quienes pudieron sacar provecho de la estadía de las delegaciones internacionales.
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De hecho, Catamarca prácticamente ni siquiera fue mencionada por los medios nacionales, con una triste salvedad, la del accidente fatal que le costó la vida a un humilde trabajador, embestido por un piloto muy rezagado en el amanecer del día siguiente al paso del grueso de los corredores. Un muerto es, de este modo, lo único que dejó el Rally de Dakar en la provincia. Una realidad que obliga a replantearse si conviene participar nuevamente en condiciones que implican riesgos sin beneficios.
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Precisamente la colisión del piloto con el trabajador tinogasteño tiene ribetes insólitos, que llevan a preguntarse sobre detalles organizativos de la prueba. Es simplemente inadmisible, descabellado, que un ciudadano se cruce en un viaje cotidiano con un piloto en plena carrera. El reglamento del Dakar contempla estos casos, y sostiene que llegado el caso el corredor debe ajustarse a las normas viales de la zona urbana. Pero lo que el reglamento no contempla, es que los pilotos pueden acumular varias jornadas sin dormir, entre otras características que los afectan seriamente. Si en nombre del deporte alguien quiere arriesgar su vida de ese modo que lo haga, pero sentenciar a muerte a una persona completamente ajena a la competencia es irracional e injustificable. En este caso la víctima ni siquiera era un espectador: estaba trabajando. ¿Quién le responderá a su familia por lo ocurrido? Legiones de funcionarios viajaron para “disfrutar” del Dakar y felicitarse por la presencia de los corredores: no se escuchó a ninguno explicar este tema. Ahora conviene decir los responsables son otros, si es que aparece alguno.

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