Comentario Político

lunes, 17 de enero de 2011 00:00
lunes, 17 de enero de 2011 00:00

Los radicales viven horas de ritmo febril, en las cuales los celulares no dejan de sonar. Reuniones abiertas, reuniones secretas, llamados cruzados y una infinidad de rumores marcan la cuenta regresiva hacia la Convención de mañana, en la cual puede definirse buena parte de la estrategia del Frente Cívico y Social para extender a casi un cuarto de siglo su estadía en el poder. El Gobierno en pleno está pendiente de la marcha de las negociaciones, y las pulseadas dirigenciales procuran establecer un fino equilibrio entre la lucha intestina por acceder a los puestos más buscados, y al mismo tiempo lograr que los perdedores no salgan tan heridos (o molestos) como para terminar perjudicando al resto del cuerpo.
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La intención de la cúpula es llegar a la Convención con el menor margen posible de conflicto. Se trabaja por estas horas, como se dice popularmente, para tener “todo cocinado” antes de que empiece la reunión boinablanca. Los correligionarios quieren un encuentro con mucho diálogo y poca discusión, donde cada uno exprese lo que le parezca siempre que sepa claramente cuál es el lugar que ocupa y se atenga a su rol. Pero el objetivo no es fácil de alcanzar, porque hay muchos intereses enfrentados, tanto en la primera línea como en el posicionamiento de quienes se saben minoritarios, pero creen que el momento de dar el salto cualitativo dentro de la fuerza es “ahora o nunca”. Porque todos declaman su vocación de acompañar el proyecto (no podría ser de otra forma cuando acompañar es sinónimo de permanecer), pero ya nadie quiere ser sólo partenaire.
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Desde el oficialismo puro que encarnan los rojos históricos hasta los celestes, pasando por el MIRA, el Ateneo del Parque, la CPR y cuanta línea exista, tienen mucho para reclamar, y el momento de hacerlo es éste. Como las matrioskas rusas, aquellas muñecas que dentro traen otra, y dentro otra y otra más, el Frente Cívico y Social abrirá su cascarón radical y desde adentro saltarán una a una todas sus piezas. Si al cabo de la Convención quedarán todas ordenadas y felices, es algo que está por verse.

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