Km. 20/11

jueves, 24 de marzo de 2011 00:00
jueves, 24 de marzo de 2011 00:00

La obra que fue concebida para perpetuar el nombre de Brizuela del Moral en la historia de Catamarca tiene problemas y amenaza, tal cual lo adelantamos en nuestra edición del pasado martes, con convertirse en una especie de sepultura política de su mentor. Hasta el día de hoy, en los círculos del poder, nadie sabe o nadie contesta con precisión cuál fue el verdadero sentido de construir un estadio de fútbol en una provincia donde el fútbol solamente se hace pasión cuando discuten los hinchas de Boca con los de River. En más, jamás hubo necesidad de comentar que un partido local o regional superó la capacidad de los pequeños estadios que existen en el Valle Central. Por el contrario, sobra espacio hasta para las pujas que se consideran clásicos.
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Tan cierto es que existió un objetivo político, por encima de la necesidad en sí misma, que la colosal estructura fue “inaugurada” durante un pomposo acto para el que se invitó especialmente al mendocino Julio Cobos, el preferido de Brizuela del Moral entre los precandidatos presidenciales. Ahora nos enteramos que todo fue trucho y que el montaje, que costó casi medio millón de pesos, fue para la gilada. El césped no servía; los pagos a la empresa constructora, justos o inflados, no habían sido completados; no existía forma de programar un partido y en la etapa de promoción, en medio de la desvergüenza que nace de la impunidad, se había hecho promoción con una antigua foto de Julio Grondona (presidente de la AFA) y el gobernador. Una puesta de terror orquestada por Juana Fernández y el Secretario de Información Pública, Horacio Boucard. Entregaron la foto a los medios como un hecho nuevo y ninguno de los medios, cómplices totales, dijo nada.
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La actualidad nos remite a preguntar quién, dejando de lado las vanidades y los sueños imposibles, aconsejó gastar una fortuna en este emprendimiento que, a lo largo del tiempo, va a seguir generando gastos. ¿O alguien piensa que su mantenimiento es cuestión de unas pocas monedas? ¿Qué opinará de esto la Secretaria de Deportes que, a los cuatro vientos, se cansó de ponderar esta obra? Al paso que vamos, desde nuestro humilde espacio de opinión, estimamos que el transcurso del tiempo demostrará con mayor contundencia la dimensión del error. Vender la Liga Catamarqueña y construir un estadio más pequeño, sin la monstruosa erogación que se hizo, quizá hubiese sido lo correcto. Pero claro, cuando la guita no es de uno, se puede llegar a estas extravagancias.

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