Km 20/11

domingo, 27 de marzo de 2011 00:00
domingo, 27 de marzo de 2011 00:00

Decenas de niños del norte tinogasteño, tan catamarqueños como los que viven en la Capital y con los mismos derechos que cualquier otro comprovinciano, están en el umbral del mes de abril con un singular detalle: todavía no tuvieron un solo día de clases. Mientras por todos los medios se señala con obsesión la necesidad de completar los 180 días de enseñanza en el ciclo lectivo, lo que llevó -por segundo año consecutivo- a anticipar para febrero la apertura de las escuelas, ellos siguen esperando. Ni siquiera saludaron a sus maestros. Y no es sólo una escuelita: alumnos de Chuquisaca, Tatón, Río Grande, Las Papas y toda la zona serrana de Fiambalá siguen esperando la oportunidad de sentarse en sus bancos y comenzar a estudiar.
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Para llegar a esta situación lamentable, quizás irrecuperable en materia de formación académica, se conjugaron varios factores. El decisivo fue, sin dudas, el castigo de la naturaleza, que azotó la región con impiadosas lluvias, provocando la crecida de los ríos y el consecuente aislamiento de las familias asentadas en las zonas menos favorecidas. Pero no se trata del único factor. Porque las lluvias cesaron hace tiempo, y aún así los chicos no pueden llegar a la escuela. Lo hicieron algunos docentes, a lomo de mula. No tienen otra opción, porque las multimillonarias megaobras que se encaran en estos tiempos de vacas gordas, nunca los contemplan. Se realizan así hosterías para el turismo de elite que nadie sabe cuántos años tardarán en generar recursos suficientes como para recuperar lo invertido, o estadios faraónicos que nadie puede usar, pero para las necesidades de algunos catamarqueños nunca hay presupuesto.
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Ellos seguirán esperando que los ríos se encaucen solos, que las laderas les permitan pasar, que los animales que comen o venden no se mueran la próxima vez, que alguien les acerque ayuda. Son tratados como ciudadanos de cuarta categoría, razón por la cual las autoridades se permiten felicitarse por el “normal” comienzo del ciclo lectivo, sin tener en cuenta en el balance que hay chicos que ya perdieron un mes de clase.

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