Comentario Político

miércoles, 20 de abril de 2011 00:00
miércoles, 20 de abril de 2011 00:00

La posibilidad de que se instalen casinos en Andalgalá, Santa María, Tinogasta y Ambato por disposición de una administración en retirada, sería algo así como “la frutilla del postre” de la cadena de desaciertos que lleva delante un gobernador que, según lo comentan sus propios correligionarios, ha sido ganado por la “desesperación”. La iniciativa está plagada de sospechas y los posibles concesionarios no ofrecen garantías de nada, por lo que el proyecto parece directamente asociado con alguno de los tantos “negociados de amigos” que llevó adelante el gobierno radical. Y más llama la atención porque, en sus épocas de gloria, Brizuela del Moral mostró total desapego con las cuestiones lúdicas y hoy, de repente, observa un apuro incomprensible en torno a una materia en la que, supuestamente, tenía sus pruritos. Incluso hasta para publicitar acciones de la Administración de Juegos y Seguros lo que, por tratarse de algo lícito y llevado a cabo desde el Estado, no tiene connotación negativa.
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Las sospechas concretas y palpables de extender el juego a las comunidades del interior mediante un “golpe de mano”, como el reciente del decreto de legitimación de más de 2.500 personas con “contratos basuras”, son difíciles de rebatir, ya que la intervención estatal nace por un emprendimiento turístico privado a realizarse a su vez en terrenos privados. Una actividad comercial como cualquier otra. ¿Qué sentido tiene la búsqueda de este padrinazgo oficial, si no es la de obtener la llave para explotar los juegos de azar?
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Brizuela del Moral, aunque sea totalmente antiético hacerlo, puede seguir adelante con “sus manotazos de ahogado” y hasta conceder a un nuevo amigo este negocio del juego en las ciudades del interior. Pero de lo que seguramente no escapará será del juicio crítico de los ciudadanos, mucho de los cuales lo respetaron hasta cierto tiempo. Cuando descubrieron que se trataba de “un lobo con piel de cordero” o que manejaba las cosas del Estado como si se tratara de propiedad privada, le quitaron un apoyo que, finalmente, derivó en la modificación del escenario político.

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