Desde la bancada periodística

Una elección fácil

sábado, 14 de noviembre de 2015 00:00
sábado, 14 de noviembre de 2015 00:00

Uno de los hechos históricos que se va a producir el próximo 10 de diciembre en la Argentina, es que el cambio de gobierno se efectuará en situación económica mucho más favorable que la existente en 2003, cuando comenzó a gestarse el “kirchnerismo”, que impulsó un modelo político que logró sacar al país de una de las más profundas crisis sociales en la que había derivado luego de décadas de modelo neoliberal. También, por primera vez en la historia, el presidente saldrá de un balotaje que enfrenta a dos candidatos profundamente antagónicos y al que la sociedad le extenderá un cheque en blanco para llevar adelante el destino del país hasta 2019.
El crecimiento del país, sobre todo en el período 2003 - 2008, fue el más importante registrado en la historia. Luego ese crecimiento comenzó a declinar, pero se llega a este final de 2015 sin que la presión ejercida por la situación internacional haya logrado afectar sobremanera factores determinantes como los niveles de pobreza-indigencia, desocupación y consumo. Además, las políticas implementadas a partir de ese crecimiento en materia educativa, de salud, de vivienda, generaron un crecimiento cualitativo en la calidad de vida.
No obstante, para lograr sostener estos estándares fue preciso aplicar medidas económicas que generan, quizá por desconocimiento, antipatía por parte de la sociedad, como el llamado “cepo” al dólar o las cuestionadas trabas a las importaciones. Y generan rechazo aún cuando estas medidas son factores decisivos para que no se hayan producido -salvo casos puntuales- crisis industriales como las que se vivieron en los ‘90 con el cierre de industrias, la destrucción del ferrocarril, y la consecuente oleada de despidos que sumieron a cientos de miles de familias en un retroceso hacia la pobreza.

Y por casa...

La Catamarca de aquellos nefastos años ‘90, fue una de las mejores alumnas de las medidas neoliberales que implementó el presidente Menem con uno de los costos sociales más altos de la historia. Y aún hoy se padecen las consecuencias de las políticas que llevaron a la destrucción de la incipiente industria local sólo sostenida en aquel entonces a fuerza de promociones impositivas que no se tradujeron en ventajas sostenidas a largo plazo.
Tampoco el campo local logró descollar con la implementación de los diferimientos impositivos, que a la luz de los resultados fue una política especulativa antes que productiva, que tuvo un nulo impacto macroeconómico.
De tal forma, que pese a estar atadas a condiciones negativas para la provincia, la primera parte de este siglo XXI fueron los aportes multimillonarios que dejó la minería, la que logró sostener, aún con el manejo absoluta y vergonzosamente irresponsable, la situación económica local. Pero lejos de aprovechar esa pequeña ventaja, nadie -ni el gobierno anterior ni el actual que acaba de ser ratificado en las urnas- pudo soltar el lastre de la dependencia de la provincia con la Nación, y de la población con el Estado provincial, que sigue siendo el principal generador de empleo.

El cambio que se viene

La discusión política de este 2015 pasa por definir qué tipo de políticas va a implementar el próximo presidente de la nación que sucederá a Cristina Fernández de Kirchner y que si bien marcará el fin del “kirchnerismo” en la Casa Rosada, deberá definir si conserva el mismo sistema político que mantiene a raya los caprichos del mercado, o bien si aplica medidas que vayan en un sentido opuesto a lo realizado en los últimos doce años.
Daniel Scioli por un lado, el candidato del oficialismo, propone aplicar las correcciones necesarias dentro del mismo modelo. Y hasta ha tomado algunas de las propuestas económicas que hasta el momento eran rechazadas por el gobierno, como por ejemplo el pago del 82% móvil a los jubilados, al menos para aquellos que cobran el haber mínimo. También asegura que el dólar costará menos de 10 pesos, aunque no dio demasiadas precisiones sobre cómo logrará sostener ese valor, cuando hoy existen múltiples cotizaciones (dólar oficial, dólar ahorro, dólar blue, etc.).
En cuanto a la devaluación, es justo señalar que desde 2003 a la fecha, la moneda local sufrió devaluaciones que fueron de la mano de la inflación. Sin embargo, gracias a la política de paritarias, el crecimiento de los salarios durante los primeros años superó la tasa inflacionaria -medida incluso con los índices menos favorables al gobierno-, y en los últimos años, aunque se hizo difuso poder establecer un índice real, el sector trabajador no perdió poder adquisitivo.
Mauricio Macri, el ascendente opositor que plantea modificar el escenario político-económico al tiempo que promete sostener los logros alcanzados por el kirchnerismo en materia social, tiene más dificultades para explicar los cómo de las medidas que no son anunciadas, sino más bien filtradas, a través de los economistas que conforman su equipo.
El candidato de Cambiemos es al que más se lo asocia a la temible “devaluación”. Pero aunque se intenta instalar que se trata de una campaña del “miedo”, lo real es que son sus adláteres quienes poco a poco fueron transparentando las intenciones. Alfonso Prat Gay, -economista administrador de la fortuna Fortabat y posible ministro de economía de Macri- señaló que una de las primeras medidas será elevar el precio del dólar oficial, pero trató de llevar tranquilidad al afirmar que “no afecta a nadie”.
Todos los especialistas en materia económica salieron a cuestionar el infundado optimismo de Pray Gay. Uno de ellos, Jorge Todesca -exviceministro de Economía de Eduardo Duhalde- advirtió que “una devaluación del 50% tiene un costado traumático para la economía. Y los economistas no tenemos instrumentos para garantizar de cuánto puede ser finalmente esa devaluación”.

Qué esperar

Los argentinos no somos primerizos en esto de los cambios de modelos económicos. Las últimas cuatro décadas se caracterizaron por ello. La cruel y sangrienta dictadura de 1976 fue el instrumento utilizado por los sectores del poder económico para imponer las recetas del “libre mercado”, del apartamiento del Estado, de las importaciones que destruyeron la industria nacional, y las de las megadevaluaciones de la moneda que destruyeron el bolsillo de los trabajadores a través de procesos hiperinflacionarios que empujaban a miles de familias de la clase media a la pobreza en cuestión de días.
La presidencia de Alfonsín terminó en 1989 colapsando por las presiones de esos grupos de poder que veían afectados sus intereses. Y víctima de un golpe económico se fue anticipadamente cediendo la presidencia a Carlos Menem, que llegó al poder prometiendo revolución productiva y salariazo, ejerció el poder cediendo a los grupos concentrados de la economía el control del país que terminó en la trágica quiebra de 2001.
Ni Scioli ni Macri se presentan con promesas nuevas. Por ello, esta vez, los argentinos asistimos a una elección bastante fácil.

El Esquiú.com

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