Desde la bancada periodística

El techo electoral de los candidatos

sábado, 12 de septiembre de 2015 00:00
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Antes y después de las Paso, mucho se habló y especuló sobre las posibilidades reales de los principales candidatos provinciales, la gobernadora Lucía Corpacci y el exgobernador y actual diputado nacional, Eduardo Brizuela del Moral.
A partir de la certeza que ambos cuentan con una fuerte base electoral, en gran parte sustentada por su condición de conductores de las fuerzas políticas tradicionales -PJ y UCR-, la incógnita que no develan las encuestas tenía que ver con lo que los politólogos llaman techo electoral.
En base a estos presupuestos, hasta las horas previas al 9 de agosto, no era fácil acertar en el diagnóstico. Con los resultados, si bien no son definitivos, se puede llegar a algunas conclusiones con vistas al estratégico 25 de octubre. Veámoslas.

En franco ascenso
Más allá de la gestión, lo que es materia de otro tipo de análisis, a la gobernadora le va muy bien con los números electorales. Durante su trayectoria política, que no lleva más de 10 años, ha tenido mayoría de satisfacciones y sus registros han ido de menor a mayor, por lo cual resulta harto problemático endilgarle un techo electoral.
Su primer gran examen individual como candidata se remonta a octubre de 2009 cuando, acompañada por el profesor Francisco Gordillo, logró 50.650 votos y con ellos alcanzó la banca de senadora de la Nación. En esa ocasión quedó a 8.000 votos de la fórmula Oscar Castillo-Blanca Monllau, lo que fue diferencia muy corta porque el FCS estaba en el apogeo de su largo reinado y el peronismo, como tantas otras veces, concurrió a las elecciones dividido en cuatro fracciones. Saadi por un lado, Barrionuevo por el otro, Eduardo Andrada bajo el paraguas distinto al PJ y Corpacci con el Frente para la Victoria que, de alguna manera, terminó ganando la interna que se disputaba en medio de aquellas elecciones generales.
Después llegó para Lucía la hora más gloriosa. Desde el llano, el 13 de marzo de 2011, le quitó el poder provincial a Eduardo Brizuela del Moral. Sumó 86.620 votos (48.2%), contra 79.123 (44.2%) de su rival. Equivale a decir que, de 2009 a 2011, creció unos 36.000 votos aproximadamente.
En las primarias recientes volvió a encabezar la boleta del Frente para la Victoria y mejoró su performance en casi 14.000 votos. Llegó a los 100.117, frente a los 76.650 de su rival de los últimos tiempos.
Lo expuesto, a través de tres contiendas, habla claramente del crecimiento electoral de la actual gobernadora. Batiendo a todos los rivales internos del peronismo, hace seis años, logró 50.650 votos. De allí pasó a los 86.620 de 2011 y a las 100.117 de las recientes Paso.
¿Se puede hablar, en su caso, de un techo electoral? Posiblemente no, aunque atesorar más de 100.000 adhesiones ya es capital invalorable. Casi como un coseguro de triunfo.

La meseta a superar
Lo de Brizuela del Moral, si es que no hay un campanazo impresionante el 25 de octubre, tiene un recorrido inverso a la de su contrincante.
Con notables triunfos en diferentes épocas -en la Universidad, en la intendencia de la Capital y en la provincia-, el exgobernador mantiene una envidiable base electoral que le permitiría, por ejemplo, ganar ahora mismo las elecciones si el peronismo, como ocurrió varias veces, hubiese dividido el voto o algún sector distinto al FCS le despojara algo del haber de Lucía.
Pero vamos con los números de los últimos tiempos para comprender mejor el momento electoral del más fuerte postulante, por no decir el único, del radicalismo y el Frente Cívico.
En el 2007 -irónicamente acompañado de la verdugo del presente que, entonces, completaba la fórmula- recogió 92.531 votos, de los cuales perdió unos 13.000 cuando buscó la re-reelección de 2011, oportunidad en la que registró 79.123.
En 2013, cuando resultó electo diputado nacional, consiguió 70.121 en las Paso y 79.512 en la elección definitiva.
El 9 de agosto pasado, como se sabe, su producción sufrió un bajón al caer a los 76.650 votos, muy lejos del haber de Corpacci.
En este caso y, de acuerdo a lo que expresan fríamente los números, se puede hablar de un techo electoral que, paradójicamente, no es ningún demérito para el dos veces rector, tres veces intendente de la Capital, dos veces gobernador y dos veces legislador nacional (una vez senador, la otra diputado). Si después de casi treinta años de actuación pública -no decimos aquí si fue buena o mala-, todavía mantiene este nivel de adhesión, toda ponderación puede ser poca con un hombre que ya transita su séptima década de vida y se apresta a sostener el último y el más grande de los desafíos: perforar, dentro de 42 días, el techo electoral de los últimos ocho años. Si no lo hace, obviamente, no tendrá ninguna chance de volver a escalar la explanada de la Casa de Gobierno.

El control de la elección
Nada hace pensar que el proceso electoral del 9 de agosto en la provincia haya incluido trapisondas que puedan haber afectado la voluntad popular. El Frente para la Victoria ganó bien y ratificó la condición de candidato que reflejaron algunas encuestas previas, varias de las cuales conocía el propio radicalismo.
Sin embargo, sin siquiera reconocer los resultados, las máximas figuras del Frente Cívico -Oscar Castillo, Marita Colombo y el propio Brizuela del Moral- salieron a poner dudas sobre la legitimidad de la primaria local. Lo hicieron cuando habían pasado más de dos semanas y, de alguna manera, prendidos del escándalo de Tucumán.
Los tres dirigentes hablaron de eventualidades de fraude y, en el caso de Colombo, llegó a decir que se hicieron todas las presentaciones en la Justicia, lo cual no se ajusta a la verdad. La única impugnación fue por una mesa de Icaño (La Paz).
Para completar el círculo de dudas, Brizuela del Moral presentó esta semana un proyecto de resolución en el Congreso por el que pide que Naciones Unidas envíe veedores para garantizar la transparencia de la elección venidera. Está muy bien.
Como dice la también diputada nacional Myrian Juárez, aquí lo que importa es que se respete la voluntad popular. Impecable e inapelable decisión, aunque hay que aclarar que con este mismo sistema electoral el Frente Cívico se aburrió de ganar elecciones y nunca dudó de su efectividad. Sin ir muy lejos, en la contienda 2013, cuando Brizuela y Juárez fueron ungidos diputados nacionales por Catamarca, no hubo apelaciones como ahora que perdieron.
La respuesta para la tríada radical, entre otros, vino de la boca de Lucía Corpacci, que se refirió al valor de saber aceptar el pronunciamiento del pueblo. Dijo “nosotros hemos ganado y perdido elecciones, ¡miren si hemos perdido! Y cuando perdimos, aceptamos la derrota porque son las reglas de la democracia. No salimos a acusar fraude, ni nada. Se gana y se pierde, ese es el juego, gracias a Dios”.
Las posiciones, aparentemente encontradas, tienen sin embargo un punto de coincidencia: la voluntad popular está por encima de chicanas políticas, vengan de donde vengan.
El 25 de octubre se vuelve a votar. Todos seremos fiscales, directos o indirectos, de esa elección y ojalá el perdedor tenga la grandeza de levantar la mano al vencedor. Esa es la democracia que vale. La de la chicana está totalmente devaluada.


El Esquiú.com

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