Desde la bancada periodística

La estabilidad y sus caminos

sábado, 05 de enero de 2019 00:00
sábado, 05 de enero de 2019 00:00

Por primera vez desde que asumió el poder, en la ya lejana tarde-noche del 9 de diciembre de 2011, la Gobernadora Lucía Corpacci completó el 2018 con una marca singular, sin precedentes en lo que va de su gestión al frente del Poder Ejecutivo.
El año que recién concluye, fue el único en lo que va de sus dos mandatos que transcurrió sin que la jefa de Estado realizara ningún cambio en su gabinete de ministros. Naturalmente se registraron algunas modificaciones en la tercera y cuarta línea de funcionarios, algún subsecretario, algunas direcciones, pero los espacios más fuertes del equipo permanecieron inalterables.
De este modo, como nunca antes, el gabinete completo transitó los doce meses del año sin ninguna baja o reemplazo.
Esta situación permite diversas interpretaciones, que podrán inclinarse hacia el elogio o la crítica según la mirada que se tenga sobre la marcha de la gestión corpacista, pero de uno u otro modo constituyen un dato digno de ser analizado.
Despojados de potenciales simpatías o antipatías, una primera evaluación obliga a reconocer que no es un dato menor que se haya alcanzado semejante estabilidad en un año tan complejo, donde el contexto nacional puso en jaque a más de una administración provincial.
Si el gabinete local atravesó todas las tormentas de 2018 -para acompañar la metáfora meteorológica predilecta de Casa Rosada-, quiere decir que Catamarca supo mantener el rumbo y soportó las embestidas de la delicada crisis sin tambalear.
Lógicamente que hubo ásperas repercusiones locales de la debacle económica, comenzando por despidos masivos en el sector privado, tarifazos, devaluación y sus consecuentes efectos en el bolsillo de los asalariados, que vieron derrumbarse su poder adquisitivo sin prisa y sin pausa.
No obstante, a diferencia de lo ocurrido en otros distritos, y aun en delegaciones locales de organismos nacionales, el ajuste en Catamarca nunca atravesó las fuentes laborales estatales.
Corpacci acomodó y reacomodó su presupuesto sin tocar a ningún trabajador, y mes a mes pagó sueldos en tiempo y forma. Así como es una realidad que la obra pública no mantuvo el ritmo de sus primeros años de gestión, el Gobierno estableció la protección del trabajador como prioridad uno, y la angustia que envolvió a cientos de familias del área privada nunca alcanzó a los empleados públicos.
Esa decisión se percibe hoy con naturalidad, pero cuando desde Nación se presionaba para que las provincias efectivizaran ajustes inmediatos, Corpacci se opuso de plano a la posibilidad de acomodar cuentas fiscales utilizando al personal como variable de ajuste.
Ese panorama grueso de los vaivenes económicos se impone como punto de partida obligado para comprender la turbulenta marcha del 2018, y quizás explique las razones esenciales de la solidez exhibida por la administración provincial.
A partir de allí, se pueden evaluar con un poco más de profundidad los rendimientos puntuales de cada área, para estimar los motivos por los cuales la mandataria optó por no hacer nngún cambio.

A la altura
Cuando el ministro de Hacienda y Finanzas, Ricardo Aredes, dejó su cargo para asumir una banca en la Legislatura, se generaron muchas incógnitas sobre el manejo de las cuentas públicas. La llegada de Sebastián Véliz, si bien había integrado el equipo de Aredes, sembraba dudas por su juventud y el modo en que resolvería las presiones propias de su nueva responsabilidad. Lo cierto es que cumplió la tarea con sobriedad, sin escándalos ni sobresaltos, y siguió sin dificultades los lineamientos de la Gobernadora en materia de orden y austeridad para el control y gasto de los recursos provinciales.
Otra apuesta fuerte de Corpacci por un joven se materializó con el desembarco de Eduardo Menecier en Desarrollo Social, un ministerio cuya tarea se diversifica en múltiples organismos, y exige máxima sensibilidad para la atención de conflictos cotidianos, al margen de la promoción de actividades para sectores vulnerables.
Menecier demostró estar a la altura de las circunstancias, en un año en que la conflictividad creció de la mano de los vaivenes sociales.
Otro debutante fue Daniel Zelarayán, que trabajó en la conducción del Ministerio de Producción. Proveniente del área agroganadera, Zelarayán mostraba como punto débil su vínculo con el área específicamente industrial; pero en base al despliegue en territorio se ganó el respeto general, aunque poco pudo hacer ante el debacle de gigantes como Alpargatas.

Área política
Un poco más alejado de la gestión específica y de actividad más concentrada en el terreno político, Marcelo RIvera llegó a Casa de Gobierno para suceder a Gustavo Saadi, quien partió al Congreso de la Nación.
Rivera protagonizó un hecho sin precedentes, al integrarse al equipo de una gobernadora a la que había enfrentado directamente en las elecciones como candidato de otra fuerza política.
Representante directo del barrionuevismo puro, supo integrarse a la gestión y alinearse al discurso oficial, sin dar lugar a roces de ningún tipo. Tuvo menos participación que su antecesor en negociaciones como reclamos salariales, pero estableció un buen canal de diálogo con intendentes propios y opositores.
Con algunos inconvenientes propios del día a día, y varios logros significativos en un contexto general desfavorable, se afianzaron en la tarea que ya venían desarrollando otros ministros, como Daniel Gutiérrez en Educación, Ramón Figueroa Castellanos en Salud y Guillermo Dalla Lasta en Servicios Públicos. Por su parte, Rubén Dusso siguió al mando de la compleja y gigantesca área de Obras Públicas, que conduce con acierto desde el primer día de gestión corpacista, lo cual lo convierte en el más longevo de todos los ministros.

Conclusiones
Es difícil evaluar con una óptica individual una tarea que se debe juzgar a nivel colectivo, tal como lo hace el electorado cuando decide acompañar o no a una gestión de gobierno.
La estabilidad alcanzada y demostrada por Lucía Corpacci con su equipo de trabajo sugiere méritos innegables, ante todo por la oscura realidad económica que vive el país.
Si es saludable renovar cúpulas para revitalizar algunas áreas de gobierno, si los cambios pueden ayudar a dotar de nuevos ímpetus gestiones de varios años, queda ya en el criterio de quien observa.
En este caso, se trata de una facultad exclusiva de la jefa de Estado, a quien los catamarqueños le otorgaron el poder indelegable de formar su equipo de trabajo y realizar los cambios que considere en el momento que lo decida. Si es una buena o mala señal que por primera vez no haya resuelto ninguno, es materia siempre opinable.

El Esquiú.com

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Comentarios

05/01/2019 | 07:36
#1
Ahora estoy mas pobre que con Cristina!!! No me alcanza para vivir!! Cumplan con alguna propuesta de las elecciones!por favor

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