El Secretario

viernes, 11 de octubre de 2019 01:21
viernes, 11 de octubre de 2019 01:21

Aunque no se emitió ningún comunicado oficial, días atrás las autoridades del área social provincial rubricaron el instrumento que prorroga, por seis meses más, el financiamiento para los comedores emergentes. La acción llevó tranquilidad a las miles de personas que, diariamente, retiran alimentos de esos espacios surgidos en el último año y medio por la profundización de la crisis que vive la Argentina y que, obviamente, repercute con fuerza en Catamarca. La inquietud de los beneficiarios había surgido porque los cambios de gobierno -como el que se producirá, sí o sí, el 10 de diciembre- suelen conllevar la paralización de  los expedientes hasta tanto las nuevas autoridades les den curso. Y, como es lógico imaginar, algo tan esencial como la comida no puede estar atada a los vaivenes burocráticos. Con la medida decidida por los funcionarios salientes, entonces, el programa estará garantizado hasta marzo y seguramente el nuevo gobernador -Raúl Jalil o Roberto Gómez- lo mantendrá porque, en el mediano plazo, los comedores emergentes son imprescindibles para seguir conteniendo a la gente en situación más vulnerable.
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El tema del hambre se volvió una parte central de la agenda de campaña del frente peronista y no por cálculo electoral, precisamente. Los números de pobreza e indigencia se dispararon en las últimas mediciones del Indec y eso que no tomaron en cuenta el impacto de la megadevaluación posterior a la caída macrista en las PASO. Es una de las problemáticas sociales más urgentes que deberá abordar Alberto Fernández si alcanza la jefatura de Estado el 27 de octubre. Para ello confía en la experiencia e iniciativa de Daniel Arroyo, quien sucedería a Carolina Stanley en un área por demás sensible del gabinete nacional. Entre las propuestas dadas a conocer el lunes en la Facultad de Agronomía de la UBA, se habla de la implementación de una tarjeta alimentaria (similar a la Tarjeta Familia que reciben muchos catamarqueños), y el refuerzo a los programas federales del rubro, incluyendo los de comedores infantiles, comunitarios y escolares. Lo que es seguro es que, dada la situación social de millones de argentinos, la intervención deberá ser rápida y de gran magnitud.

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