Apuntes del Secretario

martes, 10 de diciembre de 2019 00:24
martes, 10 de diciembre de 2019 00:24

Bajo los mejores auspicios, con apoyo pleno del peronismo y la actitud amistosa y contemplativa de las fuerzas de oposición, Raúl Alejandro Jalil asumió ayer la gobernación de Catamarca. Recibió los atributos de mando de manos de Lucía Corpacci, quien completó dos períodos de gobierno y fue artífice de una precandidatura que no encontró escollos internos y permitió una transición en perfecta armonía, lo que hace pensar en entendimientos más amplios de cara al futuro. En esa dirección, la diputada nacional tendrá importancia capital en cuanto a la marcha del gobierno. No porque se inmiscuya en la administración de Jalil, que será responsabilidad de Jalil y de nadie más, sino por los aportes de gestión que pueda realizar por sus contactos nacionales. Ella mantiene una relación estrecha con Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, lo cual alienta la posibilidad de conquistas para la provincia en un marco de razonabilidad, al considerar que el país vive una de las crisis más profundas de la historia. Nada se va a solucionar de la noche a la mañana, pero en la medida que haya crecimiento o un despertar económico se esperan buenas noticias para Catamarca. De hecho, habrá un escenario muy diferente al que existía durante el gobierno de Macri, cuyos funcionarios eran muy delicados en el trato, pero jamás aportaron soluciones efectivas para los problemas estructurales de la provincia.

La influencia de Lucía a nivel nacional ya comenzó a exteriorizarse. A nadie escapa que el nombramiento de Yanina Martínez en la Secretaría de Turismo de la Nación tuvo que ver con ella. La hija del exintendente de Recreo, doctor Gustavo “Tabi” Martínez, cumplió por 8 años meritoria actuación como directora de la Casa de Catamarca en la Capital Federal, pero el apuntalamiento de la exgobernadora resultó decisivo para su promoción en la función pública. Otro catamarqueño que figuraría en planes nacionales es Hugo Naranjo, exdirector de Vialidad Provincial. Por lo que sabemos, el santamariano formaría parte de una triada con posibilidades de llegar a la cumbre de la administración de Vialidad Nacional. Para ello cuenta con el plus de haber sido presidente del Consejo Vial Federal. ¿Podrá ser?

Otro catamarqueño que apunta a un cargo nacional de importancia es Fernando Jalil, el hermano mayor del gobernador. Desde hace un buen tiempo se lo relaciona con la minería y, en ese contexto, se especula que podría llegar a la presidencia de YMAD, el organismo interestadual del que forman parte la Universidad de Tucumán y los gobiernos de la provincia y la Nación. El cargo al que hacemos referencia lo tiene que resolver el presidente de la Nación, Alberto Fernández y ello podría concretarse en los próximos tiempos. Sería muy importante, por cierto, que un catamarqueño vuelva a conducir el organismo, como lo hicieron Efraín Saadi en tiempos del menemismo y Luis Manuel Álvarez durante la Intervención Federal a la provincia. Demás está señalar que, en el área de minería, la exgobernadora es opinión calificada, a punto tal que figuró como una de las candidatas firmes a ser ministra del sector. No quiso dar batalla por ese cargo, el que finalmente fue para el sanjuanino Alberto Hensel, un hombre del riñón del gobernador Uñac.

“Juntos por el Cambio”, en términos reales, no existe más en Catamarca. Es que el PRO, al dejar la presidencia de la Nación, ya no representará un gran atractivo para la UCR local, quien vertebraba la alianza. Por lo tanto, sus dos representantes –Natalia Saseta y Enrique Cesarini- tendrán que acoplarse a los planes radicales o escindirse y funcionar por cuenta propia. De otra forma solamente tendrían voz, pero no voto, en las decisiones de trascendencia institucional. El tercer socio, la Coalición Cívica, tampoco tiene alternativas. Al dejar Rubén Manzi la banca provincial para pasar al Congreso, se quedó sin representantes en la Legislatura y ello le quita todo poder de negociación. Más allá de esta realidad, la situación de la UCR sigue siendo delicada y en franco declive. Perdió fuerza en la cámara de Diputados y viene de soportar una derrota electoral escandalosa que debería ser motivo excluyente para revisar toda la organización, especialmente en términos de conducción real. Sin embargo, por calle Chacabuco todo es pasividad. ¡Cómo si no hubiera pasado nada!

La única noticia alentadora para la UCR surgió de la sesión preparatoria que consagró, el viernes pasado, a Cecilia Guerrero y Maximiliano Rivera –peronistas ellos- como máximas autoridades de la cámara de Diputados. A la hora de votar fue un bloque unido, separado del PRO, pero no le alcanzó ni siquiera para proponer un postulante a la vicepresidencia, algo que suele negociarse. La precaria unidad “rojiblanca” se reflejó en las autoridades de bloque. El castillista Víctor Luna ocupará la presidencia y el representante de la oposición interna, Francisco Monti, la vicepresidencia. La armonía alcanzada el viernes tuvo prolongación en el acto que encabezaron Alberto Fernández, Lucía Corpacci y Raúl Jalil en la inauguración de la plaza “Raúl Alfonsín” del día sábado. Allí dijeron presentes, entre otros, los diputados Tiago Puente y Marita Colombo, lo que habla de un comportamiento inteligente. No solo por presencia institucional, sino porque el gran homenajeado, sin dudas, era el expresidente radical.

Otro aliado que, después de tres décadas, parece alejarse de la UCR es Movilización, cuya figura de referencia es el concejal capitalino Simón Hernández. Que no lo acepten en el bloque radical es señal inequívoca de malestar –y algo más- y nos parece que Hernández ha comprendido que los tiempos del futuro lo verán lejos de los radicales. Por lo pronto, ha planteado serias diferencias con Fernando Navarro, el concejal que parece tallar en el bloque de oposición capitalino y, como lo adelantara en exclusivo El Esquiú, fue el primero que planteó “inhabilidad moral” de “Simoncito” al haber sido candidato a intendente del GEN cuando, paralelamente, integraba el bloque de “Juntos por el Cambio”. No vamos a entrar a avalar a uno u otro, pero esto de analizar las conductas de los radicales desde lo moral parece haberse convertido en una enfermedad. ¿Cómo es posible levantar el dedo acusador cuando ningún radical catamarqueño objetó que Miguel Ángel Pichetto, presidente del bloque kirchnerista del Senado por 18 años, pasara a integrar la fórmula que ellos apoyaron en las últimas elecciones? Más allá del doble estándar, al parecer, entre Navarro y Hernández existen cuestiones personales, tal cual lo aseguró el “movilizador”. ¿Cuáles serán?

Una controversia parecida a la anterior, también en un Concejo Deliberante, se vive en Valle Viejo y tiene que ver con los peronistas. Allí el personaje de la discordia es Alberto “Abeto” Barrionuevo, que perdió la interna con Susana Zenteno por una distancia apreciable –más de 2.000 votos- y se hizo elegir presidente del cuerpo por la voluntad de dos radicales, Carlos Luján y Javier Espinoza. Sus compañeros de lucha partidaria, Belki Pennise Zavaley y Sergio Figueroa, votaron en su contra y prometieron reclamar a la Justicia por la presidencia que la carta orgánica, en su artículo 50, expresa claramente que le corresponde a la fuerza que haya ganado en la última elección. Como el “Frente de Todos” venció a “Juntos por el Cambio”, lo lógico sería que el ungido haya salido de la dupla Pennise-Sergio Figueroa. Desconocemos cómo puede resolverse este intríngulis en la Justicia, pero de lo que estamos seguros es que Barrionuevo no va a ser bien mirado por los chacareros en general y por los peronistas en particular. Es decir que, por un cargo, el hombre habría terminado rifando su futuro.

RECUERDOS. Como lo hacemos habitualmente, en el cierre de los “Apuntes”, incluimos los acontecimientos del pasado.
En noviembre de 1994 se renovaba la comisión directiva del Colegio de Abogados de Catamarca. Resultaba electo presidente el postulante de la única lista habilitada, “Unidad para el Cambio”, el doctor José Patricio Rivarola. Lo acompañaban en la conducción estos abogados: María del Rosario Andrada, vicepresidente; María Virginia Jalil Colomé, secretaria; Jorge Eduardo Avellaneda, tesorero. Como vocales titulares Mónica Silvia Salman, Raúl Héctor Funes y Ricardo Agustín Miranda. Los vocales suplentes eran  Zulma Teresita Gómez y Adriana del Valle Monllau. El Tribunal de Disciplina, mientras tanto, lo presidiría Carlos Orlando Acosta, acompañado de los siguientes abogados: Juan José Nieto Ortiz, Ricardo Diego María Moreno y Juan Bautista Bulacios. Como vocales suplentes del Tribunal de Disciplina los electos habían sido Luis Adolfo Sarmiento y Luis Scaltritti. La renovación de autoridades alcanzó también a la Caja Forense. Quedaban como directores titulares los doctores Pedro Armando Navarro y José Daniel Murillo. Como directores suplentes María Constanza Ponferrada y Luis María Lobo Vergara.

Hacia finales de noviembre del mismo año, Oscar Oyarzo prestaba juramento como nuevo integrante de la cámara de Diputados. Reemplazaba a Jesús Gilberto Mena, que había fallecido una semana antes. El flamante diputado, que figuraba como primer suplente de la lista del Frente Cívico, prometía continuar los proyectos que Mena había dejado pendiente. Oyarzo, cabe recordarlo, se desempeñaba en ese momento como secretario parlamentario del Senado, donde resultó transitoriamente reemplazado por el subsecretario, Juan Carlos Bugdud.

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