33 de mano

miércoles, 20 de marzo de 2019 00:10
miércoles, 20 de marzo de 2019 00:10

La avaricia es, junto a la soberbia, la pereza, la lujuria, la gula, la envidia y la ira, uno de los siete pecados capitales. Si nos ajustamos al significado que nos indica el diccionario,  decimos que es el “afán desordenado de riquezas”. Hace unos días, los titulares de los diarios locales nos desayunaron con la noticia –que para muchos no era ninguna novedad- de que los senadores nacionales “perciben hasta 91 mil pesos en concepto de canje de pasajes”, algo así como un sobresueldo para los insaciables bolsillos de quienes dicen ser los “los representantes del pueblo” (¿será?) en el Congreso de la Nación. Un dinero extra que se suma a la dieta de casi 130 mil pesos que reciben en la mano todos los meses los que gozan de ciertos chocantes privilegios. Algo así como 220 mil pesos limpitos en concepto salarial. ¿No será mucho? preguntó desde uno de los cuatro costados de la mesa del bar un amigo entrado en canas y con cara de “no me pregunten ni la hora”. “¡Es una vergüenza!”, respondió otro con rostro de haber visto la pizarra con los números de la quiniela. Se sabe que cada legislador recibe 20 pasajes de avión y 20 de ómnibus por mes, los que pueden ser utilizados para viajar a cualquier lugar del país, otorgárselos a un asesor, familiar o amigo, o bien canjearlos por dinero cantante y sonante. Como para que los ciudadanos comunes –y trabajadores- sigan acumulando bronca, las noticias siguieron dando cuenta que senadores nacionales por Catamarca canjearon por dinero 420 pasajes durante 2018. A la apetecible dieta se les agregan unos pesitos porque la calle está dura, claro. Uno de los más jóvenes de la mesa del café no aguantó más y casi a los gritos se despachó: “no se hagan los giles. Ustedes saben, al igual que  yo, que aquí en Catamarca, en una familia, por tener a un representante en el Congreso de la Nación, entran más de 350 mil pesos mensuales, contando los parientes nombrados”. Otro se metió en la conversación para agregar: “Y me parece que te estás quedando corto”. 

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  A esta altura de los comentarios de café, a la avaricia habría que sumarle otros dos pecados capitales: la gula y la pereza. Si bien la gula habla de exceso en las comidas o bebidas, no caben dudas que estamos en presencia del hambre sin límites por el dinero. Una glotonería que algunos pondrán como excusa que “es todo legal”. Pero “es obsceno”, diría el recordado “Chacho” Álvarez. Y en algunos casos inmerecidos, agregaríamos desde aquí. En cuanto a lo de la pereza, huelgan los comentarios. A todo esto, también los titulares de los diarios locales nos castigan todas las semanas que en tal o cual comedor comunitario de los barrios periféricos hacen falta alimentos para darle un plato de comida a cientos y cientos de chicos que tienen hambre. Y muchas veces se quedan con hambre porque el reparto no alcanzó para todos. Y son también comprovincianos de nuestros senadores nacionales. Mendigan todos los días un plato de comida o un pedazo de pan, mientras en el honorable Congreso de la Nación hay quienes canjean pasajes por dinero en efectivo para hacer más abultado los bolsillos y carteras de quienes ya vienen con bolsillos abultados desde hace muchos, pero muchos años. Una necesaria aclaración: salvo el senador Oscar Aníbal Castillo, quien declaró públicamente que lo que gana como legislador nacional lo comparte “con los más necesitados” de la provincia (prohibido reírse). A modo de estar a tono con aquello de que “soñar no cuesta nada”, pensábamos en voz alta que sería grato que en un gesto noble y solidario, que los senadores nacionales convoquen a una conferencia de prensa y admitan públicamente que de ahora en más todo el dinero obtenido por los pasajes canjeados van a ir a parar a los comedores comunitarios. Todos los meses. Los pobres con hambre, desde ya, agradecidos. Y desde aquí largos y fuertes aplausos para los senadores que dicen representarnos en el Congreso de la Nación. Para echar por tierra ese maldito chiste de “¡qué lindo que es Catamarca para vivir en Buenos Aires!”. Tienen la palabra los que deben tenerla. Y no hace falta que levanten la mano para pedirla.
 

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