Apuntes del Secretario

martes, 13 de agosto de 2019 00:05
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El gobierno, como es una costumbre de los oficialismos, conocía de antemano los números gruesos de la elección provincial. Disponía de sus encuestas. Sabía, por ejemplo, que se ganaba en todo el territorio por una cifra que variaba entre 25 y 30 puntos; que en Capital la diferencia era menor y que la boleta con la trilogía Alberto Fernández (para los catamarqueños representa a Cristina Kirchner)-Lucía Corpacci-Raúl Jalil alejaba cualquier tipo de sorpresa. Pero, aparte, tenía datos complementarios demasiado valiosos para armar el esquema electoral y utilizarlos en campaña. Desde hace meses, (el gobierno) sabe que la peor imagen que existe en Catamarca la comparten el presidente Mauricio Macri y el dirigente gastronómico Luis Barrionuevo. Sobre esos antecedentes actuó en consecuencia y, así, se entiende el resultado final. Vale, sin embargo, hacer una aclaración: ni Corpacci, ni Jalil, ni Gustavo Saadi imaginaron una diferencia tan amplia como para hundir en la incertidumbre a la UCR, cuyos cimientos se agrietan peligrosamente por responsabilidad de los caudillos que la gobernaron en las últimas tres décadas.

Por cierto, las expresiones de conformidad del oficialismo no dejaron lugar para los reproches, como los hay en cualquiera elección, inclusive en aquellas que se gana. Es que, esta vez, la diferencia abre un horizonte prácticamente hegemónico, lo que no es precisamente bueno. Si se repitieran en octubre los resultados del día domingo, el Frente de Todos podría quedarse con 13 ó 14 bancas de diputado sobre 20 que se ponen en juego; ganaría las ocho senadurías en disputa, recuperaría intendencias, captaría todos los concejales en los circuitos capitalinos y hasta podría llegar a la hazaña de imponer a los dos diputados nacionales (Lucía Corpacci-Marcelo Rivera), algo que únicamente ocurrió el 24 de agosto de 2003 cuando la fórmula Guillermo de la Barrera-Lucía Garín de Tula duplicó en votos (63.415 a 29.622) a la similar peronista que formaban Eduardo Andrada e Hilda Angélica García. Para que se diera este resultado, lo recordamos, hubo una tercera opción que dio en llamarse “Frente de la Gente”. La integraban Rubén Manzi y Adriana Díaz, quienes lograron 18.050 votos.

Dentro de los límites provinciales, Lucía Corpacci ratificó el poder político que genera desde su inmejorable imagen pública. Con su candidatura a diputada nacional, durante un reportaje que sostuvo con Pablo Sánchez y Leopoldo “Tico” Martínez en Radio Provincia, ratificó antes de la elección su permanencia en la política y nadie duda que será persona de consulta sobre la provincia si la fórmula Fernández-Fernández repite el triunfo dentro de 75 días. Como para que nadie tenga dudas, felicitó el domingo a la noche a toda la dirigencia y la instó a seguir trabajando con vistas a la disputa general que se viene. Su anhelo es mantener las ventajas obtenidas y no recibir la sorpresa de 2017 cuando, de una elección exitosa a otra, cambiaron radicalmente los resultados. Por ese motivo, la tarea de convencer a los perdedores de la interna dominical comenzó inmediatamente. Y, en ese marco, la primera muestra se materializó en Valle Viejo, donde Alberto “Abeto” Barrionuevo ya comprometió su apoyo a la proclamada candidata, la docente Susana Zenteno, una de las revelaciones que dejó la elección y, desde ya, peligrosa amenaza para cortarle el invicto a Gustavo Jalile en territorio chacarero.

Raúl Jalil tuvo un día muy feliz. Aventajó por más de 30 puntos a su rival directo, Roberto Gómez, y logró en los números finales la mejor performance de todos los precandidatos peronistas. Esa situación, por las dudas alguien no lo sepa, se debió a que una importante cantidad de simpatizantes radicales, especialmente de clase media alta, optaron por apoyarlo a él y dejar de lado la boleta oficial de “Juntos por el Cambio”. Más de uno, al analizar minuciosamente la elección, pensó en el senador Oscar Castillo, autor intelectual y material de la lista. A pesar de su arquitectura electoral, prefirió viajar al exterior, permanecer en Buenos Aires y dedicarle escaso tiempo a Catamarca. De hecho, no hizo campaña a favor de la lista que armó y que, al final, puede situarlo en el puesto nada cómodo de principal jinete de la derrota.

A nuestro modesto entender, entre los grandes problemas de la oposición, debe considerarse la falta de un discurso uniforme de los precandidatos. Por caso, Roberto Gómez repitió hasta el cansancio el tema de la corrupción, algo que indudablemente no prendió en la población y que no registra condenas de algún funcionario. Por el contrario, los fallos de jueces que nada tienen que ver con el gobierno, expresaron en todos los casos analizados que se trataban de denuncias falsas o que no importaban delito. Rubén Manzi, por su lado, ponderó a dirigentes nacionales como Macri o Carrió en una estrategia que, sin dudas, tiró las cuentas para abajo. Ambos tienen una imagen desastrosa entre los catamarqueños y por algo se trató de esconderlos. A pesar de estas desavenencias, Gómez confía en recuperar terreno y lograr la épica de cambiar los guarismos adversos en octubre. Todos deberían ayudarlo, so pena de recibir el condigno castigo. Hasta ahora, los números esquivos determinarían que de los candidatos a diputado apenas ingresarían 6 ó 7 y hasta corre peligro la banca asegurada que parecía tener Rubén Manzi.

También entre las incoherencias de la campaña opositora, hay que anotar a los “reelectos eternos” del castillismo, en este caso Víctor Luna y Lobo Vergara. Cada vez que hablan u opinan, el contador de votos baja violentamente y hasta los propios radicales expresan desagrado. ¿Podrá comprender Lobo Vergara, por ejemplo, que el mejor favor que le puede hacer a la UCR es guardar silencio? Salir a criticar que el gobierno tiene un plazo fijo y que debería destinarlo a pagar el tarifazo de los servicios que dispuso la Nación no ayuda y, por el contrario, favorece a Corpacci. Mucho menos afirmar que aumentó la coparticipación “gracias a la Nación”, cuando se trata de una falsedad. A vuelta de correo, indirectamente, la gobernadora retrucó que el aumento del 48% no contempla los 55 puntos de inflación en un año.

Luis Barrionuevo, cuando ha pasado los 77 años de edad, supone que todo es posible y que es el más pícaro de todos. Ayer se le debe haber planteado alguna duda. Como ocurrió en 2011, cuando fue contra Lucía Corpacci y el peronismo, perdió de manera escandalosa. Su sector, que arrastró al abismo a Hugo “El Grillo” Ávila y hasta al propio sobrino, Maximiliano Mascheroni, no pasó del 5% y, como lo dijimos desde esta columna, se confirmó que no tenía chance alguna, mucho más si aparece tres veces al año por su provincia, hace declaraciones rimbombantes, promete imposibles y extorsiona a los gobiernos para arrancarle prebendas. Así no se puede construir nada y lo deberían aceptar algunos comunicadores que lo presentan cada vez que viene como la gran esperanza de los pobres y de los catamarqueños en general. Todas mentiras, como la que expresó horas atrás cuando dijo que desde el 12 de agosto se adentraba en la campaña con una frase propia de un político que considera que todos son tontos: “vamos a dar una gran sorpresa y no tengo dudas que en octubre vamos a ganar”. Un clásico de Luisito: ¡verso puro! Y eso que no queremos opinar de la frase siguiente dirigida al gobierno: “basta de seguir robando”. ¿Cómo es esto Barrionuevo?

Muchos se preguntan por qué Barrionuevo, después de proclamar a los cuatro vientos su apoyo a Raúl Jalil, no terminó arreglando con el gobierno. Lo que pasa y no se sabe es que, como lo hace siempre, pidió que colocaran a amigos y familiares en las listas de precandidatos, aparte de figurar personalmente como segundo aspirante a la diputación nacional. Desde el oficialismo midieron el poder de fuego de Barrionuevo y llegaron a la conclusión que no valía tanto, como quedó demostrado en la elección. Más allá de que no se le puede regalar dos o tres bancas de diputado para que, el 11 de diciembre, haga un bloque independiente del gobierno para ir contra el propio gobierno. También esta es jugada vieja y gastada. Entre 2013 y 2017, con el cuarteto Pastoriza-Rivera-Buenader de Walther-Arrieta, tuvo a mal traer a la Casa de Gobierno. Por eso no se atendió el pedido y, por el contrario, su viejo escudero –el ministro Marcelo Rivera- ocupó el lugar apetecido por Barrionuevo y tiene chances de llegar al Congreso de la Nación.

El lunes negro en materia económica –el dólar subió por un velocísimo ascensor hasta el piso en que acomoda mejor- tuvo un largo debate político. María Eugenia Vidal, que perdió por paliza, dio explicaciones banales y, por considerar que no es tiempo, no hizo autocrítica alguna. Mucho peor fue lo de Macri. Le endilgó la culpa de la inestabilidad económica a su verdugo del domingo, Alberto Fernández, y de alguna manera criticó el voto de la gente porque, para él, el kirchnerismo no tiene credibilidad en los mercados mundiales. ¿Está en sus cabales el señor presidente? ¿Y él, personalmente, no tiene responsabilidad alguna? En cuanto a los votos, si bien la diferencia fue sorpresiva, nadie debería alarmarse por algo que se preveía. Ante de las primarias se había votado en 17 provincias y, salvo en dos, el macrismo había perdido por paliza. Fueron señales que se asomaba la noche para quienes hicieron de la mentira y la estrategia marketinera una forma de gobernar.

23%
Satisfacción
35%
Esperanza
17%
Bronca
0%
Tristeza
5%
Incertidumbre
17%
Indiferencia

Comentarios

13/08/2019 | 08:09
#0
Pablo Sánchez el otrora perseguidor de los peronistas y ahora junto a Adriana Diaz son los primero peronistas! Encima ta caradura que no le importó slabar a Lucia Corpacci, cuando hace unos años atras le decia de todo menos bonita. Y la dirigencia peronista avala a estos personajes.
13/08/2019 | 07:43
#-1
Corrección, en 2011 también entraron dos diputados nacionales del oficialismo, fueron Taro Molina y Marcia Ortiz Iramaín, dejando afuera al Gallo Jalile. Aunque es entendible que nadie se acuerde de estos tremendos inútiles.

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