33 de mano

Cambia, todo cambia: ¿para mejor o peor?

martes, 14 de julio de 2020 02:12
martes, 14 de julio de 2020 02:12

El pasado domingo algunos -muy pocos- recordaron un nuevo aniversario del natalicio de Juana Azurduy, nacida allá por un 12 de julio de 1780. “Se jugó la vida por la independencia y murió olvidada y en la miseria”, dice la síntesis de la mujer que luchó por la libertad. A través de los siglos, la Argentina (la mayor parte de su pueblo) demostró que olvidó a los mejores e idolatra a los peores. Que relegó a sus próceres para avivar a los ídolos (sin distinción de género) o inventos de ocasión. ¿Recuerdan cuando éramos chicos y soñábamos mientras le dábamos vuelo a un barrilete o jugábamos a la payana?: “Quisiera ser como tal” (sin distinción de géneros). Los elegidos eran hombres y mujeres con extraordinarias virtudes. Hoy son acusados de traidores a la Patria o investigados por enriquecimiento ilícito. La misma Patria se encargó de demandarlos… para nada. Todo sigue igual. Aquí no ha pasado nada. Lucen distintas camisetas partidarias, pero en el fondo nada los distingue. Veamos.


Estaban San Martín, Belgrano, Sarmiento, Moreno. Médicos como Esteban Laureano Maradona o René Favaloro. Mujeres como Juana Azurduy, Rosarito Vera, Mariquita Sánchez de Thompson. Buenos y patriotas. Pero patriotas en serio, de verdad.
Había políticos como Perón, Alem, Illia, Alfonsín, Alfredo Palacios, El Bisonte Oscar Allende. Después vinieron los Menem, Boudou, Coti Nosiglia, los Moreau y algún catamarqueño residente en el Congreso de la Nación.


Había un sindicalista como José Ignacio Rucci. Hoy está Hugo Moyano, a quien el actual presidente calificó de “ejemplar sindicalista” (cuentan que Carloncho, el riojano, lo llamó y le preguntó: ¿Era “nesario”?).


Antes estaba una gran luchadora por los jubilados como Norma Plá, que murió abandonada y en la pobreza. El presente de la “lucha” se llama Milagro Sala. La diferencia es como ir de Polcos a Caleta Olivia caminando marcha en ojotas, o hacerlo en un auto de alta gama.

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Sigamos viendo y comparando en este juego del cambia, todo cambia. Seguramente el chileno Julio Numhauser, autor del celebrado tema “Todo cambia”, no imaginó jamás la vigencia en nuestra país de su inspiración. Antes había empresarios y dirigentes sociales honestos, con vocación de servicio. Ahora aparecieron los Lázaro Báez, D’Elía, López (el de los bolsos en el convento), Durán Barba (a punto estuvo de inaugurar la fábrica de humo), Mauricio Macri (los boquenses hicieron la peor jugada de su vida: lo dejaron ir a la política y así les fue en el estadio del Real Madrid) y un tal Marcos Peña, convencido aún de que al pan francés se lo trae de Francia.


En otra época estaban Evita, Florentina Gómez Miranda, Alicia Morea de Justo. ¿Ahora? Patricia Bullrich, Lilita y Cristina (chicas, ¡sonrían para la foto!). Ah, qué tiempos aquellos.


Antes, los domingos al mediodía, la televisión nos entretenía con Los Campanelli. Ahora está una tal Juana, la nieta de…
Antes todos reíamos con Pepe Biondi. Hoy, algunos ríen con Dady Brieva.


Algunas décadas atrás, la TV nos informaba con el señor Ramón Andino (padre de Guillermo). Hoy aparece la cara de Baby Echecopar (“¡apagá ese televisor, chango!”).


Tiempo atrás nos deleitaba con su poesía María Elena Walsh. Hoy los poemas son escritos por Belén Francese (“¡mamá, me duele el oído!”).


Recordamos a Guy Williams en su personaje de El Zorro luchando por hacer justicia. Hoy, los corruptos bailan y cantan: “¡Robemos en la Argentina, mientras la Justicia no está!”


Antes nos cantaba chacareras El Chango Nieto (un tipazo, damos fe). Hoy lo hace El Chaqueño, disfrazado de gaucho.
Y así podríamos seguir. Pero queda claro que todo ha cambiado. El presidente de los argentinos, don Alberto, el 9 de julio dijo: “Vine a terminar con los odiadores seriales”. Lo aplaudimos. Cerca de él había una foto de una mujer con el rostro del odio y la venganza. Alguien debió decirle: “Oiga, jefe, la caridad bien entendida comienza por casa”. Sería bueno. Para que algo cambie. Y para bien, si es posible.

Kelo Molas
 

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