Esta película ya la pasaron muchas veces

jueves, 26 de mayo de 2022 01:25
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Cuando se habla de grandes estafas siempre aparecen los nombres de Carlo Ponzi, Bernard Madoff y otros timadores famosos, pero no hace falta viajar tan lejos para encontrar antecedentes del desastre que hoy vive Catamarca.

En la Argentina reciente, el problema que hoy se presenta aquí con las financieras cuenta con incontables antecedentes. Más aun, también en Catamarca se vivió un caso parecido allá por los 80, con el recordado Caso Colque; que si bien no alcanzó ni por asomo la magnitud del problema actual, tenía características parecidas en su concepción y desenlace.

“No hay credulidad tan ansiosa y ciega como la credulidad de la codicia”, decía Josph Conrad, y la historia se encarga de darle la razón una y otra vez.

Como una rueda en movimiento constante, el círculo de gurúes financieros, las promesas de riqueza y las ilusiones de incautos que terminan con los bolsillos vacíos, se repite incansablemente.

Hoy, la estrella local lleva el nombre de Egdar Adhemar Bacchiani, en menor medida de los Bulacio y otros empresarios comprometidos judicialmente, así como en otros puntos del país las marquesinas muestran a Leonardo Cositorto.

El drama, la angustia, la tensión y la incertidumbre que rodean al proceso judicial que busca determinar si cometieron delitos o no, es independiente de una realidad objetiva: nada de novedoso hay en la situación.

Repasamos aquí algunos de los precedentes más resonantes, sólo algunos de los muchos identificados bajo los mismos métodos.

El gran Max

En los años 80, un columnista financiero de la televisión mendocina, Máximo Gregorcic Villanueva, daba consejos de inversión y fue ganando cada vez más fama y prestigio. La gente lo conocía como “Max”, y parecía conocer los secretos de la fortuna fácil y rápida. Aprovechando su fama, Max abrió una financiera en Mendoza, y empezó a recibir el dinero de muchos vecinos. Para darles más confianza, como prueba de que todo marchaba viento en popa, informó que ya había abierto sucursales en Capital Federal,  Santiago de Chile y Nueva York. Era mentira, pero todos le creyeron. Max era un imán de billetes con una fórmula simple: ofrecía cuatro veces más intereses que los bancos. Creció y creció, hasta que un día dejó de pagar. Al menos 700 personas lo denunciaron, pero la mayoría no lo hizo porque había puesto dinero no declarado. Max culpó a la caída económica de Raúl Alfonsín por sus desgracias, pero estaba muy complicado y no tenía escapatoria. En una ocasión lo estaba interpelando una comisión de legisladores: Max pidió un cuarto intermedio, y cuando se lo otorgaron salió de la sala… para nunca más volver. Vive en Chile hace treinta años y nunca devolvió el dinero. Siempre negó las estafas, y apenas dio una explicación lógica: “Cuando uno no tiene plata debe trabajar con la de otros”.

Curatola y el “corralito”

Eugenio Curatola concretó una estafa por un monto estimado en 90 millones de dólares. Solo pasó dos años preso. Era un productor de seguros que descubrió la pólvora cuando se metió en el Forex, abreviatura del término en inglés Foreign Exchange, un mercado mundial y descentralizado para negociar divisas. Para su éxito lo ayudó el Corralito de Domingo Cavallo, que impedía mover dinero de las cuentas bancarias. Curatola presentó su solución: como con Forex podía sacar dinero del país, ofrecía hacer el depósito en cuentas y además obtener una ganancia del 45 por ciento. Pedía una inversión mínima de 10.000 dólares y pronto tuvo más de 10.000 clientes. Curatola parecía un genio: daba conferencias y hasta daba consejos de inversión en radios y televisión. Todo funcionó de maravilla hasta que los inversores quisieron cobrar: en 2005 Curatola desapareció y nunca recuperaron ni un peso. Pocos lo denunciaron porque la mayoría había puesto plata no declarada. En 2008 la policía atrapó a Curatola, que salió límpido luego de dos años de prisión. Ahora dirige una consultora desde la que propone todavía “obtenga excelentes ingresos sin dejar de tener calidad de vida” o “venda servicios digitales y tenga ganancias en dólares sin salir de su casa”.

Viglione, el de la radio
Daniel Viglione siguió el modelo de Max, y empezó también los medios para hacerse conocido. Tenía un programa en una radio de Mar del Plata, donde hacía análisis financieros, y al ganar prestigio abrió su financiera. Ofrecía intereses del 40 por ciento mensual en dólares, una locura porque los bancos daban 7 por ciento a diez años. Viglione puso dos sabias condiciones a quienes buscaran las fabulosas ganancias: un monto mínimo de 10.000 dólares, y que el depósito durara no menos de un año. Él no hablaba de financiera sino de una “comunidad de negocios”, que creció y creció, haciéndolo multimillonario. En 2017, cuando el Gobierno nacional lanzó un plan de blanqueo de capitales, los inversores le pidieron a Viglione que aprovechara y pasara sus cuentas allí. Pero no pudo hacerlo, porque el dinero depositado ya no existía. Viglione escapó y lo atraparon en Mendoza. Una vez más, muy pocos (no más de 20 estafados) lo denunciaron.

Fundación Esperanza

Otro genio pasajero de las finanzas fue Enrique Juan Blaksley, que reunió a una veintena de sociedades. Blaksley comenzó su negocio en el año 1989 cuando trabajaba en una compañía aseguradora y observó que por el mismo canal se podían comercializar otros servicios financieros. Con su cartera de clientes probó suerte y creó Hope Funds S.A. ofreciendo, como siempre sucede, tasas de rendimiento infinitamente superiores a las que ofrecía el mercado. La empresa fue creciendo, pero en este caso Blaksley invirtiendo en la economía real. En 2009, adquirió el 47% del shopping Buenos Aires Design, en US$ 20 millones. En 2012 se quedó con el Hard Rock Café de Buenos Aires a cambio de US$ 5 millones. También desembarcó en el mundo de los deportes: realizó una exhibición con el tenista Roger Federer, organizó la carrera de Usain Bolt contra el metrobus y ganó la triple corona con La Dolfina, el equipo de polo que conduce Adolfo Cambiaso (h). Fue un estafador de ricos y famosos, y por lo tanto se cree que es el que más dinero reunió. En 2014, la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos, determinó que, de los 521 inversores del grupo, sólo tres podían explicar el origen de los fondos. Se dice que llegó a juntar 10.000 millones de dólares. Jaqueado por todos lados, Blaksley le dijo a su grupo de colaboradores mediante un texto de WhatsApp: “Esto se arregla con plata y hoy la plata viene de las ventas”. La idea era buscar dinero fresco para pagarles a los inversores más inquietos. Blaksley, hoy preso, sigue jurando que no cometió ningún delito.

¿Qué tienen en común?

• Alto perfil
• Fuerte presencia en los medios
• Ofrecen retornos significativamente superiores a los que puede otorgar un banco o un fondo regulado
• Utilizan términos alejados de la economía y más vinculados a lo psicológico o lo religioso
• En sus fondos invierten celebridades, deportistas, modelos y políticos, que muchas veces optan por no denunciarlos para no exponerse o simplemente porque el origen de los fondos no estaba declarado ante el fisco
• Terminan cayendo cuando comienzan a correr rumores de insolvencia o en momentos en que el gobierno ofrece una amnistía fiscal o blanqueo y los inversores solicitan su dinero para acogerse al régimen.
• En cualquier caso, los fondos no están. El dinero nunca se invierte, al menos en su totalidad. Mientras sigan ingresando inversores nuevos, el sistema funciona: los fondos del nuevo inversor financian el retiro de otro o el interés que percibe el resto. Cuando la cadena se corta, la historia de éxitos se termina.

Comentarios

26/5/2022 | 19:53
#0
RT Inversiones. Vayan todos presos ya.