Una tradicional celebración de los cristianos

Misa por los fieles difuntos en el Cementerio Municipal

lunes, 01 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 01 de noviembre de 2010 00:00

Al día siguiente de la fiesta de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre, la Iglesia recuerda a todos los hombres que han llegado al término de su vida y pide por sus almas en el día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre. Fundamenta esta tradición en dos creencias cristianas: “todos formamos un solo cuerpo: el Cuerpo de Cristo” (Cf. 1Co 12,12-31), “por lo que no podemos desentendernos de los miembros que ya nos han precedido en la muerte; y resucitaremos un día de entre los muertos, del mismo modo que Cristo ha resucitado. La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que no es un Dios de muertos sino de vivos” (Mc 12,27).
Con este motivo, hoy 2 de noviembre se celebrará la Santa Misa a las 10, en el Cementerio Municipal de la ciudad capital, para rogar por todos los fieles difuntos.
A todos preocupa la muerte, sin embargo, para los cristianos no debe ser motivo de angustia y desesperación. A través de la muerte, el hombre consigue llegar a su fin último que es volver a Dios de quien procede. Se sabe que un día se resucitará con Cristo, pero para esto es necesario “dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor” (2Co 5,8).
Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La novedad consiste en que por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente muerto con Cristo, para vivir una vida nueva; y si se muere en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este “morir con Cristo” y perfecciona la incorporación a Él en su acto redentor.
En la muerte Dios llama al hombre hacia sí. Es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último descanso.
El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna. Esto no quiere decir que no se sienta tristeza y dolor ante la muerte propia o de un ser querido, pero es diferente afrontar el dolor con la esperanza de que un día habrá reunión ante el Señor.
Resucitar quiere decir volver a la vida aún muerto. La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia lógica de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. Esperar la resurrección es otro misterio de la vida cristiana, que se fundamenta en las promesas hechas por Dios en su Palabra. La muerte es la separación del alma y del cuerpo; el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a los cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a las almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.
Cristo resucitó con su propio cuerpo. Del mismo modo, en Él todos resucitarán con su propio cuerpo que tienen ahora, pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria”, en “cuerpo espiritual” (Cf. Lc 24,39; Flp 3,21; 1Co 15,44). Este “cómo” sobrepasa la imaginación y el entendimiento; no es accesible más que en la fe.
 

 

"Para quien cree en Cristo, la muerte no tiene la última palabra. La muerte es paso, unión con la Pascua de Cristo, que nos llevará un día a la Vida con él. Hoy recordamos a nuestros seres queridos difuntos con cariño y también con gran esperanza. Y el Espíritu Santo nos da el consuelo por la ausencia, hasta que llegue el día en que nos reencontraremos en la Vida Eterna".

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