Recuperar un proyecto de vida

domingo, 15 de agosto de 2010 · 00:00

A pesar de las idas y vueltas que existen en el tratamiento, muchos han podido volver del infierno. El porcentaje no es alto, pero sí esperanzador. De ese 20% que obtuvo el alta definitiva, algunos siguen concurriendo al Humaraya, sobre todo cuando el contexto social o las situaciones de la vida los vulneran. Pero como recalcó Fuenzalida, lo más importante es que “la gran mayoría pudo recuperar un proyecto de vida”.
“Justamente el criterio de alta tiene que ver con que el paciente recupere la autoestima, tomando conciencia de lo que es el proceso adictivo, de lo nociva que es la droga para sus vidas. Es decir, todo un proceso que tiene que ver con recuperar las ganas de armar y sostener un proyecto de vida. Que implica una reinserción social, recuperar la familia, el trabajo, volver a la escuela, a los buenos amigos. Es decir, tener la capacidad de discernir entre lo que hace bien y lo que hace mal”.
Para ellos, cada día es una eternidad, ya que segundo a segundo sufren "fisuras” (necesidad de consumir la droga). Pero hay salida. En el Humaraya se aplican tres tipos de altas: las recuperadas, mejoradas, definitivas y por abandono. La definitiva implica todo un proceso de reconocimiento de la enfermedad, y la salida alcanza a ese veinte por ciento de pacientes que ya se recuperaron.
“Nosotros no podemos garantizar la recuperación del paciente si no hay acompañamiento familiar. Ahí está una de las claves para que los chicos puedan salir de la droga. También es cierto que debemos asumir que el problema de la droga en Catamarca es alarmante”, opinó Fuenzalida.
La cuestión del suministro de medicamentos durante el tratamiento no siempre ha podido ser una necesidad cubierta. Muchas veces se han visto limitados los profesionales por falta de medicación, derivada de la falta de presupuesto o por las demoras del Ministerio de Salud en la entrega.
Los trastornos sociales son uno de los grandes obstáculos. Ya que los problemas legales por los que chicos llegan al Humaraya también están fuertemente relacionados con el problema de la delincuencia juvenil. Por eso, al igual que en la cárcel, los pacientes deben acceder a una Observación de Resguardo para poder ingresar y salir del Centro.
“El Humaraya camina junto a los procesos sociales. Pero la participación de los adictos y de la familia debe ser más firme. Así vamos a poder llegar a la sociedad como un lugar donde se puede asistir a los chicos con problemas de drogadicción; pero no todo se soluciona en el Humaraya”, finalizó Fuenzalida.
Detrás de cada joven adicto hay una historia desgarradora. Muchos de ellos reconocen haber tocado fondo y haberse sentido la peor basura de la sociedad, que los expulsa sin piedad de un Estado que todavía no alcanza a cubrir la peor de las falencias: sacar la droga de las calles.

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