Adán Villafáñez (h), propietario del clásico comedor de El Rodeo

“No podemos ni calcular las pérdidas pero uno da gracias de estar con vida”

Alrededor de 150 personas cenaban en Villafáñez cuando llegó el alud. Los clientes treparon al techo para resguardarse.
sábado, 25 de enero de 2014 00:00
sábado, 25 de enero de 2014 00:00

Durante el día siguiente del catastrófico temporal, los rodeínos comenzaron a sacar el barro y las piedras de sus casas y a evaluar las pérdidas sufridas. La postal de la devastación y de las imágenes más fuertes que recorrieron los medios a nivel nacional tuvieron su epicentro en el tradicional comedor “Villafáñez”, donde desde temprano se pudo ver a toda la familia y a vecinos colaborando para recuperar lo poco que dejó el alud.
Adán Villafáñez (h) mantuvo diálogo con El Esquiú.com y explicó el dantesco cuadro que le tocó vivir junto a su familia, los empleados y los clientes del local comercial.
“Había mucha gente cenando, aproximadamente 150 personas. El alud llegó a las diez y media de la noche más o menos, fue muy de repente y la gente entró hacia el interior del negocio y se la ayudó a subir al techo, porque parecía el único lugar seguro, donde veíamos que había algo de resguardo. Sumado a que se cortó la luz y estábamos en la penumbra, fueron momentos muy feos”, relató el hombre.
En los momentos previos, Adán Villafáñez se encontraba durmiendo en una habitación ubicada al fondo del inmueble y se despertó por la vibración de la puerta: “Para mí era una cosa rara, le dije a mi señora que me iba a ver el río. Me fui con una linterna y llegué hasta el puente. Mientras estaba ahí, el agua comenzó a pasar por arriba del puente y entonces quise volver pero vino la creciente y no pude llegar a mi casa de nuevo”.
El comerciante explicó cómo logró eludir el temporal trepando hasta la copa de un árbol: “Me agarré de un alambrado, avancé hasta llegar a la rama del árbol aquel (señala sobre su hombro) y me empecé a subir. Desde ahí vi cómo la gente se subía al techo”. Cuando vio la oportunidad, debido a una bifurcación en el curso del temporal, el hombre salió disparado y se fue hasta el comedor: “Salté del árbol y me vine corriendo porque pensaba en mi hijo que estaba en la parte de los jueguitos”.

Todos al techo

“Fueron momentos muy feos: gente llorando desesperada, otros buscando a sus parientes, muchos chicos y todos con miedo”, expresó el entrevistado. Todo el personal del comedor colaboró para que los clientes subieran hasta el techo del mismo, una decisión acertada, ya que el barro, las piedras y los escombros arrasaron con el interior del lugar.
Según lo explicado, afortunadamente el grueso de las personas que se hospedaban en Villafáñez estaba a salvo ya que se encontraba en el polideportivo, lugar donde se iba a llevar a cabo el espectáculo del músico Abel Pintos.
El agua llegó por la zona del Mástil y casas aledañas y bajó por la ruta principal hasta reencontrarse con el río.
“La parte más fea habrá durado una hora, después de eso, uno pudo caer en la cuenta de lo que pasaba. Hoy, ya al ver esto, la furia de la naturaleza y lo que lamentablemente le pasó a otra gente, uno da gracias de estar con vida. Las pérdidas no podemos ni calcularlas, pero esto es piedra, madera y cosas que se tiran o se compran nuevas. Hay que tener en cuenta la dimensión del milagro, la medianera que da con el otro salón es una pared de adobe que va de punta a punta del terreno nuestro, en ningún momento cedió, sino las piedras se venían contra el comedor y la gente. Lamentarse por las cosas perdidas es casi ridículo”, finalizó.

Intensa tarea

Mientras dialogaba con El Esquiú.com, Villafáñez seguía abocado a la tarea de retirar piedras y escombros del comedor y rescatar los pocos elementos que parecían reutilizables en el lugar.

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