A 38 años de su secuestro

Recordatorio en ejercicio de la Memoria de la joven catamarqueña Teresita Lizárraga

martes, 27 de mayo de 2014 00:00
martes, 27 de mayo de 2014 00:00

Lizarraga, Marta Teresita – Jurmussi, Luis Pablo
Secuestrados el 28 de mayo de 1976.
La pareja y el/la niño/a que debió nacer en cautiverio permanecen desaparecidos.

“Hemos venido a decirles que valió la pena.
Hemos venido a decirles que
no se murieron por morir nomás.
(…) los que nos siguen ayudando
a no perder el rumbo,
y a no aceptar lo inaceptable,
y a no resignarnos nunca,
y a nunca bajarnos del caballito lindo
de la dignidad ..”
Eduardo Galeano

Mañana 28 de mayo se cumplen 38 años del secuestro de la joven catamarqueña Teresita Lizárraga, embarazada de dos meses.
“Tere” nació un 29 de septiembre de 1948 en San Fernando del Valle de Catamarca. Cursó sus estudios en la Escuela Normal Clara J. Armstrong (ENCJA). Estudiaba Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Córdoba y trabajaba como empleada municipal en la Dirección de Rentas de Córdoba.

Fue secuestrada-desaparecida el día 28 de mayo de 1976, en la vía pública cordobesa, a las 6,45 de la mañana cuando bajaba del colectivo para dirigirse a su trabajo en la Municipalidad. Por testimonios de sobrevivientes pudo saberse que Teresita permaneció detenida en el Centro Clandestino de Detención “La Perla” antes de su asesinato.

Su esposo, Luis Pablo Jurmussi (riojano), fue secuestrado el mismo día que ella en la casa de su madre en la esquina de 27 de abril y General Paz de la ciudad de Córdoba, a las 7,45 de la mañana. Testigos dijeron que amarrado y encapuchado lo introdujeron violentamente en un automóvil Peugeot, al que acompañaba un Ford Falcon
Ambos jóvenes tenían militancia en Montoneros.

“Tere” estaba embarazada de dos meses y pensaban llamar Luis Pablo al bebé que esperaban si era varón. Al hijo/a, que debió nacer entre diciembre de 1.976 y enero de 1.977, lo buscan Abuelas de la Plaza de Mayo.

Realizamos este recordatorio porque la cuestión de los Derechos Humanos concierne a toda la comunidad, no sólo a los familiares de las víctimas. Apropiarnos del tema, incorporarlo a la vida cotidiana y participar activamente en su discusión, comprensión y difusión es un ejercicio fundamental e irrenunciable para quienes abogamos por una vida digna libre e igualitaria.

Estamos despojados de rencores, de sed de revancha o espíritu vengativo. Pero estamos igualmente convencidos de que toda convivencia armónica, toda paz duradera, todo futuro esperanzado, sólo pueden construirse a partir de una Justicia inclaudicable, insobornable y sin concesiones.
 

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