Se cumplieron 81 años de la creación

El Banco de Catamarca, una valiosa herramienta perdida

miércoles, 04 de febrero de 2015 00:00
miércoles, 04 de febrero de 2015 00:00

El pasado 2 de febrero se cumplieron 81 años de la creación de la entidad financiera que por más de 60 años le permitió al Estado provincial y a los sectores productivos, contar con una importante herramienta crediticia y económica. Se trata del Banco de Catamarca, la entidad que nació en 1934 como una Sociedad Anónima integrada por capitales mixtos en sus inicios y fue fundamental para el desarrollo comercial y productivo de la sociedad local hasta que los vaivenes económicos y políticos de las dos últimas décadas del siglo XX terminaron liquidándolo, en medio de escandalosas maniobras que la Justicia nunca logró aclarar y, por lo tanto, no llegó a condenar a los responsables de lo que fue  el proceso de vaciamiento que terminó con la absorción del banco de todos los catamarqueños por el Banco de la Nación Argentina.


Fue a través de la ley 1090, sancionada por la legislatura en septiembre de 1933 -durante el gobierno constitucional de Rodolfo Acuña Navarro- cuando se dispuso la creación del Banco de Catamarca que vino a reemplazar, con una constitución novedosa, al viejo Banco Provincial que había caído en declive e hizo necesaria su liquidación. Ante la mala experiencia de esa entidad netamente estatal creada a fines del siglo XIX junto con la llegada del ferrocarril, el nuevo Banco de Catamarca fue pensado desde sus inicios como una entidad mixta, en donde el sector privado tenía el 50 por ciento de las acciones.


Así lo explicaba, en los fundamentos del proyecto del Poder Ejecutivo, el gobernador Acuña Navarro al señalar que “la iniciativa cumple una aspiración de este Gobierno y procura satisfacer una exigencia premiosa de la vida del Banco Provincial de Catamarca, que con la disminución paulatina de sus recursos, consecuencia de su relativa independencia de acción, ha ido perdiendo poco a poco, su primitiva función de fuerza reguladora en el concierto de la producción y distribución de la misma en los mercados. Cuatro rasgos fundamentales perfilan la contextura de la nueva entidad, cuya creación se proyecta: su constitución y organización como sociedad anónima; la aceptación del capital privado, como elemento constitutivo de la misma; la dirección y administración de la entidad, por el Estado y los particulares con preponderancia indestructible de éstos sobre aquél, y la organización del Banco en forma tal, que posibilite el crédito agrario para los productores de la Provincia”.


Y agrega: “El primer concepto es esencial. Se ha buscado que el nuevo Banco naciese como una sociedad anónima, cuyo capital esté integrado, por partes iguales, entre la Provincia y los particulares a fin de inocular una fuerza vivificante en las finanzas de aquel organismo económico y de desvincular a la vez, a la entidad que se crea, de toda acción oficial, que según observación generalizada, resulta, en la práctica, dañosa para los intereses de estas casas de crédito”.


El primer capital del Banco de Catamarca, que tras aprobarse la ley de su creación en septiembre del 1933, vio la luz cinco meses más tarde, se constituyó con el aporte del resultado de la liquidación del Banco Provincial por un total de 250.000 pesos moneda nacional y una igual suma aportada por los comerciantes locales, entre los que se destacaron Pablo Imperatori, uno de los principales accionistas y miembro del primer directorio. “La participación de los capitales privados en la formación del Banco y su contralor directo y preponderante en la administración y dirección de la entidad, son otras características del proyecto cuya sanción se auspicia, que tienden a hacer del Banco una empresa realmente propulsora de la producción y un estimulante eficiente de las fuentes de trabajo”, señalaba en los fundamentos el proyecto de su creación.


A poco de su puesta en marcha, el gobierno nacional que encabezaba Agustín Pedro Justo, autorizó al gobierno de Catamarca a tomar un empréstito por dos millones de pesos moneda nacional, lo cual le generó al Banco de Catamarca un fuerte financiamiento. Sin embargo, el exdiputado Segundo Rosendo Ruiz –autor de la historia de la entidad que aún permanece inédita-, destaca que durante los primeros años, las arcas del Banco de Catamarca se vieron fuertemente comprometidas por la utilización política de sus recursos, lo cual fue posible pese al control que ejercían los capitales privados. Cabe destacar que aquellos años, a nivel nacional, conformaron lo que se llamó después la “Década infame”, que se caracterizó justamente por los altos niveles de corrupción en todo el país.


Pero la historia de los manejos turbios dentro del banco no se quedó en sus inicios, sino que fueron una constante hasta su desaparición. Ruiz, en una entrevista con El Esquiú.com en julio del año pasado fue categórico al afirmar que “Oscar (Castillo), fundió el Banco de Catamarca por concederles créditos a insolventes de la familia y a algunos amigos”. Aunque, es necesario mencionarlo, no fue allí donde comenzó la debacle del Banco de Catamarca.



La provincialización


Cincuenta años después de su fundación, y en los albores de la recuperada democracia en el país y en Catamarca, el gobierno de Ramón Saadi puso sus ojos en el Banco de Catamarca. Con el apoyo de la legislatura, en donde tenía mayoría oficialista, se inició el proceso de “provincialización” de la histórica entidad crediticia. Fue durante el primer año de gobierno, en 1984, que se sancionó la Ley Nº 4092, que en su primer artículo rezaba: “Decláranse de utilidad pública y sujetas a expropiación las acciones propiedad de accionistas particulares del Banco de Catamarca, cuyo valor se establecerá conforme lo prescripto en el Articulo 34º de la presente Ley”. Así, se modificó la Carta Orgánica de la entidad.


A partir de ese momento, el Banco pasó a ser controlado en un cien por ciento por el gobierno provincial, desde el ministerio de Hacienda. Al poco tiempo, desde la oposición política comenzaron las denuncias y los reclamos por  los manejos poco claros en el otorgamiento de préstamos que luego el banco no recuperaría. Incluso, a raíz de las sospechas de corrupción, la legislatura provincial solicitó la interpelación del entonces ministro de Hacienda, Pedro “Peter” Casas, quien acudió a la legislatura acompañado por el entonces presidente del banco, Arnoldo Saadi. Pero las sospechas no fueron debidamente documentadas y el entuerto no pasó de un escándalo político.

 

“Si el central dice que hay que privatizar el Banco de Catamarca, habrá que hacerlo”, admitía Rolando Pastrana  en 1997.

 

 



Los ’90 y la triangulación


Tras la caída del gobierno de Saadi, la intervención federal en 1991 despidió un importante número de empleados del Banco, y favoreció un cambio de gobierno que pasó a manos del Frente Cívico y Social. Los desaguisados dentro del Banco de Catamarca continuaron, aunque sólo cambiaron los nombres de los protagonistas. A mediados de la década estalló el escándalo a nivel nacional entre la ANSSAL (Administración Nacional de Seguros de Salud) y los liquidados bancos Feigín y Extrader, triangulación en la que también intervino el Banco de Catamarca a través de la sucursal en Buenos Aires, donde se hicieron depósitos con fondos de las entidades que luego se declararon en quiebra y que generaron un perjuicio millonario a la provincia.  


Por esa causa, Oscar Castillo, por entonces diputado nacional, fue imputado y el entonces juez Federal Federico Terán solicitó su desafuero como “gestor y encubridor” de la maniobra, que alcanzaba una suma cercana a los 5 millones de dólares. Sin embargo, la vinculación del legislador con el supuesto ilícito fue difícil de probar ya que nunca tuvo un cargo en el banco ni en el gobierno provincial, y no existiría ningún papel con su firma. Su vinculación fue a través de la declaración de funcionarios que lo colocaban como “operador en las sombras”.


Fue durante el segundo gobierno de Arnoldo Castillo cuando se comenzó a hablar de la privatización del Banco de Catamarca.  En agosto de 1997, el entonces subsecretario de Finanzas, Rolando Raúl Pastrana, aseguraba que despojarse de la entidad bancaria respondía a las “presiones de entidades financieras nacionales y multinacionales ante las cuales no podemos hacer nada”; y sentenciaba: “Si el Central dice que hay que privatizar el Banco de Catamarca, habrá que hacerlo”.


Pero pasaron tres años más y un cambio de gobierno. Fue durante la gestión de Oscar Castillo, en diciembre de 2000, cuando finalmente se produjo la transferencia de la entidad al Banco de la Nación, en lo que constituyó la primera absorción voluntaria de una banco provincial por parte de esa entidad financiera.


Tras una primera oferta de licitación pública que resultó desierta, Castillo pactó con el Nación la transferencia de los activos y pasivos de su banco público, reservando a un organismo residual los pasivos incobrables. En ese entonces, se argumentaba que la provincia no sólo eliminaba el problema de un banco sobredimensionado para su volumen de negocios, sino que además recibía poco más de 7 millones de pesos.


Así, y luego de algo más de 66 años de existencia, el Banco de Catamarca fue liquidado y la provincia perdió una herramienta financiera fundamental.

El Esquiú.com

Agradecimiento: Al contador Rafael Rubén Seco por el aporte de documentación histórica. 



 

Testimonio: “Adiós al Banco de Catamarca”

Con gran tristeza escribo estas líneas para despedir a una institución que ha sido por más de veinte años mi segundo hogar: me refiero al Banco de Catamarca.
Esta entidad fue desde su creación el único auxilio financiero para miles de catamarqueños, contibuyendo al progreso y bienestar de la comunidad, brindando créditos para comprar desde una cuna hasta una maquinaria agrícola, pasando por la construcción de infraestructura y otras obras importantes para todos los catamarqueños.
Esta institución hoy está sentenciada y desaparece.
Llevada por los desórdenes de la conducción de los últimos años, el Banco de Catamarca que en épocas no lejanas ganaba dinero y era solvente, al punto de prestar sus fondos propios a bancos importantes como el de la Provincia de Buenos Aires, Tucumán, La Rioja, por caso, hoy naufraga irremediablemente.
Mala administración, manejo arbitrario, imprevisión, ineficiencia o corrupción lo llevaron al colapso.
Y hoy será entregado al manejo de foráneos que nada saben de nuestra idiosincrasia, ni les interesa. Todo los pequeños usuarios del crédito, que por años abonamos el crecimiento de este Banco quedaremos fuera del circuito.
Responsabilidad de los legisladores que compraron el canto de sirena de las privatizaciones. Y responsabilidad fundamental del gremio en su conjunto, y las cúpulas en particular que no defendieron con fuerza, convicción y decisión la fuente de trabajo y la herramienta financiera de la provincia.

 

Siento el dolor y la impotencia de asistir a esta defunción sin posibilidad de luchar desde adentro para evitarla”


Hoy muchas familias de honestos empleados quedarán a la deriva en medio de la impotencia, la desesperanza y la angustia.
Comparto el sentimiento de quienes forjaron desde sus cimientos esta casa que se extingue. Comparto el dolor de mis excompañeros que dejaron sus mejores años entre número y papeles, procurando siempre lo mejor para Catamarca. Revivo con más frustración, la impotencia que sentimos hace 10 años cuando 150 compañeros, entre los de más experiencia, fuimos retirados compulsivamente, para dejar paso a la “sangre joven”, que supuestamente iba a sanear y recuperar el banco.
Este es el resultado, por lo que se deduce que así como en la dictadura, fue necesario exterminar a la más sana dirigencia para ampliar el formidable plan de dominación y entrega de la Argentina. En nuestro Banco fuimos sacados del medio para posibilitar esta debacle. Como exempleado y dirigente gremial siento el dolor y la impotencia de asistir a esta defunción sin posibilidad de luchar desde adentro para evitarla.
Para colmo, trasciende que el Banco se entrega desmantelado, desahuciado, con altísima cartera en mora irrecuperable, dinero de los catamarqueños dilapidado dudosamente.
Expreso mi solidaridad a todos los muchos buenos empleados, honestos y eficientes que quedan en la calle y a sus atribuladas familias.
Comparto su humillación y su angustia por ser despojados de uno de los más preciados bienes del hombre, su fuente de trabajo. Los saludo con afecto, deseando que puedan encontrar nuevos caminos, llevando siempre el recuerdo de lo que fue en sus mejores épocas este querido Banco.

Luis Rafael Herrera
(Carta publicada en diciembre de 2000 en los medios locales a propósito de la liquidación del Banco de Catamarca)

Comentarios

14/04/2018 | 10:09
#1
me da lastima todo lo que paso con el ex banco catamarca,asi finalmente,dos gobiernos provinciales uno peronista y otro radical hicieron reiteradas payasadas para hacer pedazos un organismo financiero a nivel provincial que durante el siglo 20 fue una alternativa auxiliar al nacion,su competencia hacia que todo el ambito economico se regule,asi cada provincia del pais tenia banco propio con propuesta alternativa a la hora de darnos soluciones financieras.

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