Mujeres emprendedoras y solidarias

domingo, 30 de diciembre de 2018 00:00
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Las jornadas sabatinas ofrecen un paisaje diferente en la plaza 25 de Mayo, cuyas caminerías se pueblan de puestos con productos de distintos rubros, que ofrece un grupo de mujeres empeñadas en desplegar sus habilidades con el objetivo de ayudar a la economía doméstica. Son pequeños emprendimientos familiares que además de generar ganancias, permiten desarrollar capacidades y empatías con la realidad particular de cada una de ellas. Nucleadas en la asociación Mujeres Emprendedoras de Catamarca (Meca), abrieron un espacio con sello propio, donde canalizan el fruto de su esfuerzo, viven la solidaridad y la posibilidad del encuentro, dando nacimiento a lazos de amistad y de contención comunitaria. A muchas les sirve como alternativa para la socialización y el entretenimiento, y juntas tejen una red con historias de vida y anhelos.

Pamela Rodríguez es la principal referente de Mujeres Emprendedoras de Catamarca (Meca), asociación civil sin fines de lucro, que exhibe su personería jurídica. Con disposición nos cuenta sobre los orígenes de la entidad: “Meca surgió de la inquietud de cinco mujeres, que buscaban generar espacios para la comercialización de sus productos, en el año 2010. En sus inicios, el 50% de la asociación tenía mujeres empresarias, porque fue creada para apoyar a la mujer emprendedora y empresaria de Catamarca. Hoy, solamente tenemos mujeres emprendedoras, pero en sus inicios había mujeres empresarias que tuvieron la posibilidad de participar en la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), a nivel nacional. Fueron experiencias muy nutridas para el sector empresarial. De a poquito fuimos creciendo y fortaleciéndonos más las emprendedoras”.
“Es importante porque se apoya a la mujer que quiere salir adelante, que es el único sostén de la familia, y otras para quienes es una ayuda para paliar la situación económica que estamos viviendo”, expone la representante del grupo, apuntando que “en la actualidad tenemos 38 socias activas, así las llamamos a quienes participan todos los sábados. También tenemos socias eventuales, quienes nos visitan de otras provincias, Córdoba, Salta, Buenos Aires, cuando hay eventos más grandes, como la Fiesta del Poncho, donde tenemos nuestra propia carpa institucional, a la que se suman artesanas, revendedoras y emprendedoras de todo el país”.
Las socias de Meca se instalan todos los sábados del año en la plaza 25 de Mayo, con una propuesta variada y accesible. También participan de otros eventos, “desde Desarrollo Social nos brindan la posibilidad participar en El Portal”, comenta, a la vez que se detiene en “un pequeño detalle que siempre lo recalco, porque Meca apoya a la mujer emprendedora; nosotros sí aceptamos la reventa, ya que muchas veces la mujer que hace reventa no tiene la posibilidad de comercializar sus productos en ferias artesanales. No toda mujer tiene el don de saber hacer algo con sus manos, pero sí tiene ganas de salir adelante, de sacar adelante su familia con lo poco que pueda vender. En esta feria uno puede llevarse algo especial y también si compra un producto de reventa puede pensar que la mínima ganancia que le queda a esa mujer, es una catamarqueña que está teniendo un beneficio por esa compra”. 
En torno a este tema, señala que “tenemos una señora, la más grande del grupo, que tiene la capacidad de saber vender cacerolas. Sus hijas están prontas a recibirse en la Universidad de Tucumán y toda su vida las ha mantenido a las dos vendiendo cacerolas“. 
En cuanto al abanico de productos que se ofrecen, enumera que “tenemos desde ropa, accesorios, bijouterie, tejidos, artesanías, manualidades, sublimación, muñequería, productos regionales; además de la parte de la reventa que es de catálogo”.
La presidenta de la asociación destaca que el universo de mujeres que integra el grupo “es amplio y muy especial. Tenemos integrantes de 23 años, la más joven, y una señora jubilada de más de 80 años, que por razones de salud a veces no puede venir. Realmente es un grupo muy variado en cuando a edades y carácter. Está la conciliadora, la que tiene un carácter más fuerte, la más divertida, que organiza un brindis para reunirnos, la que siempre llega tarde, es un grupo muy surtido. Nos encontramos con chicas que vienen y muchas veces su producto no se comercializa muy bien; y señoras jubiladas que no ven las horas de que llegue el sábado para venir acá para compartir charlas con la gente, socializás de tal forma que ayuda muchísimo”.
“Son muy buenas compañeras, realmente se ha formado un grupo humano maravilloso, entre todas nos apoyamos, nos colaboramos. Si una tiene un problema estamos presentes, hemos pasado circunstancias muy especiales, y este año nos ha tocado vivir un episodio muy difícil por el contratiempo familiar de una de las socias, y lo hemos sabido sobrellevar todas juntas”, comenta emocionada.
En este ambiente, se generaron lazos de “amistad, de compañerismo, y la verdad que no nos juntamos frecuentemente en fiestas, pero en los malos momentos estuvimos todas, y eso es lo importante y lo valorable de todo”, asevera Pamela.
Un aspecto importante es el acompañamiento de la familia en la elaboración de los productos y su oferta a los clientes que las visitan. “Es una cuestión familiar, se crean vínculos con los hijos, con los maridos, los abuelos, se suma prácticamente toda la familia”, dice.
La experiencia de Meca es compartida en otros lugares de la provincia, “en mayo participamos de la Fiesta de la Mandarina, en Chumbicha, generalmente van cuatro o cinco, porque no tenemos la posibilidad de conseguir todo gratis, nos cuesta, pero dentro de nuestras posibilidades concurrimos. También nuestras representantes estuvieron en la fiesta de Icaño, nos invitaron para dar testimonio de cómo trabajamos porque quedaron encantados con la forma que tenemos de presentar nuestros productos en la Fiesta del Poncho y la armonía dentro del lugar, realmente llama, impacta. A causa de eso, el director de Cultura de Icaño nos convocó para que charlemos con las mujeres emprendedoras de allá y les contemos nuestra experiencia para contagiar, para que se repita, porque es algo importante, incluso para el Estado, porque se le enseña a la mujer a no depender”, enfatiza. 
La actividad de Meca genera un circuito económico, que Pamela lo describe de la siguiente manera: “Somos una asociación independiente, somos dueñas de todas las mesas y las sillas que vamos adquiriendo cuando queda un remanente de la cuota societaria. Esta cuota mensual es de $ 200, y cubre los sábados únicamente, traemos una mesa  y una silla para cada emprendedora. Para eso tenemos que pagar el flete y la persona que carga y descarga, porque somos todas mujeres. Pagamos esos servicios  y el alquiler del lugar donde guardamos las cosas. Todo tiene un costo y en ocasiones especiales, en que se extienden los días de feria, pagamos algo eventual, dividimos el costo del flete, el monto que cada una tiene que pagar”.
Además, “nosotras hicimos construir las mesas con el carpintero, el mantenimiento lo hace otro muchacho, la carga y la descarga, otra familia, el muchacho del flete que trae las mesas y las sillas también es otra familia. Y no todas tenemos medio de movilidad, entonces se contrata el remís, tenemos un muchacho que es incondicional con el grupo, siempre está. Son unos pesitos que suma y así se genera un movimiento económico”, afirma.
En este camino que recorren, la responsable del grupo rescata que “es una organización, a veces nos equivocamos y vamos aprendiendo, pero es un crecimiento maravilloso como personas, como emprendedoras, como dice el slogan de Meca, vamos creciendo juntas”.
Respecto de la capacitación, afirma que “como institución todavía no tenemos capacitaciones específicas, generalmente asistimos a las que nos invitan desde Desarrollo Social, pero sí recibimos socias que ya tengan un emprendimiento. Encauzamos la necesidad de salir a comercializar su producto, porque no es lo mismo salir sola que hacerlo con el grupo. Es un apoyo importante para todas y así vamos creciendo y enseñándonos entre todas cómo se compra, cómo se vende”.
Pamela Rodríguez está en Meca desde 2013, “asumí para normalizar, estuve dos años, y me eligieron oficialmente presidenta de Meca”, detalla, agregando que “mi experiencia fue maravillosa, es difícil estar al frente, pero por ahí leí que el éxito de uno no se mide por la cantidad de dinero que uno gana sino por las vidas de las personas que uno puede ayudar a cambiar. Eso es muy gratificante, siempre les digo a las mujeres que para mí Meca es una pasión, es como ponerse la camiseta y luchar. Ha costado muchísimo ganar los espacios por el tema de la reventa, nuestra asociación está muy marcada por eso, pero eso no significa que no necesitemos los lugares para comercializar nuestros productos. Con la lucha, el empuje y la perseverancia, ya tenemos nuestro espacio ganado, y hemos hecho mucho mérito para eso”.
Destaca el grupo humano, afirmando que “es gratificante trabajar con mujeres responsables que vienen a vender sus productos. A veces me preguntan cómo hacen 38 mujeres para organizarse. No sé, nos llevamos bien, tiene mucho que ver la firmeza, pero cuando todos tenemos claro qué queremos y hacia dónde vamos, no hace falta mucho, y realmente se crece”.
“Es un poco limitada la incorporación de socias porque sólo tenemos un espacio de la caminería sobre la calle Rivadavia, entonces nos limita la cantidad de personas que pueden venir. Al ser limitado el espacio tratamos de tener dos emprendedoras por rubro como máximo para tener variedad para que sea atractiva la oferta”, explica Pamela.

“Es una puerta que se abre para mostrar lo que uno hace”

Karina Godoy es una joven emprendedora, que desarrolla su proyecto junto con sus padres. Luego de encarar este trabajo independiente por espacio de 15 años, hace uno y medio encontró este lugar para exponer y ofrecer sus productos de diseño y sublimación. A éstos incorporó las pinturas y otros objetos confeccionados por su madre. La producción le lleva mucho tiempo, quitándole horas al sueño, es su medio de vida y se siente feliz de poder hacerlo con mucho empeño y dedicación total.
“Vivo de este trabajo desde hace como quince años, acá estoy desde junio del anteaño pasado. Lo mío es diseño gráfico y sublimación. Después fuimos incorporando artística con mi madre, ella pinta cuadros, bandejas, hace distintos tipos de objetos, adornos. A medida que va pasando el tiempo se van sumando cosas nuevas”, relata Karina. 
“La posibilidad de estar acá surgió de un Poncho, donde me invitaron a venir y comencé a ocupar este espacio, los días sábados”, refiere, manifestando que Meca “es una gran familia, estamos en las buenas y en las malas, creo que eso es lo importante. Nos han pasado cosas feas este año y se ha notado la presencia voluntaria, el hecho de estar todas es muy lindo”.
“Es impresionante venir acá, yo me relajo, más allá de que es una puerta que se abre para mostrar lo que uno hace, está genial el hecho de poder venir y compartir, porque es un grupo muy lindo”, confiesa la joven.
“Creo que tiene que ver con la cabeza que tenemos en el grupo, es una persona abierta a las cosas que nos pasan, a las consultas, a todo. Y eso tiene que ver con que nosotras también respondamos de la mejor manera”, considera.

“Me ayuda a conocer gente y compartir”

María Luisa “Cucú” Quiroga tiene 76 años y es una de las socias que se incorporó recientemente. De profesión modista y docente de Arte Decorativo ya jubilada, encontró un espacio para el encuentro y el esparcimiento. Junto con su hija Fabiana se instalan en su puesto de la plaza principal. 
“Llegué acá hace unos meses.  Soy de la zona sur, cerca del barrio La Viñita. Exponemos pinturas sobre tela hechas con la técnica del pachu, que es bordado con retazos de tela”, cuenta.
“Soy modista, me encanta todo lo que sea hecho por las manos, lo aprendo de la televisión o de revistas, porque sé hacer prácticamente de todo. Arte Decorativo aprendí de grande, iba a las clases para entretenerme. Ahora enseño en mi domicilio particular donde puse el tallercito”, relata María Luisa. 
En el tiempo que lleva incorporada al grupo considera que “la experiencia es muy linda, tenemos buenas compañeras, yo soy de hacer amistad enseguida por mi forma de ser. Acá las chicas nos han recibido muy bien, porque hay lugares donde uno va y al ser nueva piensan que uno va a invadir. Acá no, estamos muy bien”.
“Cucú” dice que si bien la venta de sus manualidades “me ayuda económicamente, más lo hago por entretenimiento, porque es bueno salir, conocer gente, conversar; quedé viuda hace poco tiempo y me hace bien compartir todo esto”.
“Ya estoy jubilada, tengo 76 años, pero siento muchas ganas de hacer distintas actividades, hasta voy a gimnasia con bastón”, afirma.
“Nos han recibido muy bien”
Fabiana es la hija de María Luisa con quien comparte esta posibilidad de mostrar lo que hacen con sus propias manos. “Compartir con las chicas, nos ayuda mucho, más que todo a mi madre, que era mi preocupación. Nos han recibido muy bien y esperamos que la gente venga los sábados a vernos a todas”, manifiesta.
“En esta tarea que hacemos juntas nos ayuda mi marido, nos palanquea, nos lleva de un lado para el otro. Es una experiencia muy linda, nos da la posibilidad de olvidarnos un poco de los problemas, algo que le viene bien a todo el mundo. Por lo menos son muy buenas compañeras”.
 

56%
Satisfacción
31%
Esperanza
0%
Bronca
0%
Tristeza
12%
Incertidumbre
0%
Indiferencia

Comentarios

30/12/2018 | 10:40
#1
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