ANDREATTA

Cinco generaciones en busca de la excelencia

domingo, 30 de junio de 2019 00:00

Casi un siglo pasó desde que Augusto Andreata comenzó a elaborar vinos con exquisitas uvas de Siján. Cinco generaciones después, su tataranieto, Oscar Andreatta, está al frente de una empresa que sigue creciendo. Única destilería de Catamarca, primera fábrica de champagne del norte del país... años y años de esfuerzo dieron sus frutos para este singular emprendimiento, que hizo de Bodega Michango una marca registrada que es orgullo para los catamarqueños.

A veces le preguntan a Oscar Andreatta dónde está su bodega. Entonces se toma su tiempo, explica, guía al curioso imaginariamente hasta llegar a Villa Parque Chacabuco, y cuando completa el mapa invisible le responden: “Ah, en la curva de Michango”.

El despiste es frecuente, pero habla del arraigo de un emprendimiento que es parte de Catamarca, porque Bodega Michango está instalada en la geografía del valle, y ese sitial sólo se alcanza cuando existe una gran historia detrás.
Bodega Michango es marca registrada de la familia Andreatta, una familia cuyo apellido se transformó en sinónimo de buen vino, a partir del trabajo desarrollado desde hace casi un siglo.

Todo comenzó con un inmigrante italiano, Augusto Andreatta, y la posta fue pasando hasta su tataranieto, Oscar Andreatta, hoy al frente de un emprendimiento que creció, sumó tecnología, desarrollo y técnicas modernas, pero en esencia sigue en el mismo camino: el de la búsqueda de la excelencia.

Cinco generaciones de una familia que conoce todos los secretos de la vitivinicultura, y con sus productos obtuvieron premios y reconocimientos incluso allá donde la elaboración de vinos es una bandera, como las tierras mendocinas.
Fue por 1920 cuando don Augusto comenzó a producir vinos, poco después de desembarcar desde Europa. Y en base a sacrificio logró abrir las puertas de la primera bodega en 1927, en la bella localidad de Siján, del departamento Pomán.
Más de medio siglo fueron suficientes para dar forma a cimientos fuertes a la empresa, tan fuertes que ni un cierre prolongado pudo borrar, y allí estaban cuando el proyecto renació.

Hubo una pausa desde los años 80 hasta comienzos de la década del 2000, cuando la bodega renació con nuevos ímpetus.
Hoy la empresa tiene tres grandes pilares: la destilería, la bodega y la fábrica de champagne, que fue la primera del norte del país.
Oscar Andreatta creció viendo a su padre, del mismo nombre, comandando cada tarea de la bodega, pero inicialmente no estaba en sus planes ponerse la empresa al hombro.

Es ingeniero mecánico de profesión, y se imaginaba más cerca de cuestiones industriales y metalúrgicas que de la magia de las uvas.
 Pero el destino a veces hace sus propios planes, y en su caso fue a partir de un grave incidente personal que se torció el rumbo de la vida hacia la tradición familiar.

Andretta sufrió un accidente cuando un taxi lo embistió mientras viajaba en moto, y como fue víctima del siniestro en todos los aspectos, le correspondía una indemnización importante.

Tenía todo acordado con quien debía resarcirlo, pero se presentó entonces un escenario que tiró todo por la borda: el fatal diciembre de 2001.

El descalabro económico retrasó el cobro previsto y modificó sus condiciones, pero al cabo decidieron a Andreatta a volver a invertir en la bodega y enfocarse en esa labor. Hoy tiene la certeza de que otro hubiera sido el panorama si recibía esa suma de inmediato.
Y le fue muy bien, incluso ahora que no son precisamente tiempos prósperos, algo que percibe de inmediato porque el vino no es un artículo de primera necesidad.

Pero se sostuvo y creció a partir de las innovaciones, de la mejora de las presentaciones, de la incorporación de más productos.
Aprendió que uno de los secretos es producir según la demanda y no según lo que a él mismo le gusta y prefiere.
Logró también marcar diferencias con el champagne, un mercado en el que logró hacerse un nombre a pesar de que el 90 por ciento del champagne argentino proviene de tres bodegas mendocinas.

Hoy produce además de 3.000 champagne, alrededor de 20.000 vinos varietales por año, y al malbec tradicional de la bodega le sumó notables variedades.

Como otras industrias, acomoda el cuerpo para resistir los embates de los precios, que en el proceso del vino cuenta con varios insumos dolarizados. Pero también en ese escenario apuesta a crecer y a dar cabida a nuevos proyectos.
Uno es el de recuperar el aguardiente, producto catamarqueño por excelencia que nunca consiguió la identidad necesaria ni el despegue esperado.

No fue casual que la Fiesta del Aguardiente desapareciera poco a poco. Y aguardiente no es una bebida en sí misma, es un genérico: el whisky, el pisco, la grapa son aguardientes. Catamarca no supo o no pudo potenciar el suyo, darle un nombre de fantasía, comercializarlo. Es una idea sobre la cual se trabaja, en la medida que el tiempo y los recursos lo permiten.
Mientras tanto, se abrió para Andreatta la posibilidad de exportar a Brasil.

Andreatta está presente en Vinotecas y comercios, en la Bodega  propia, y en el orgullo de cada catamarqueño que valora lo nuestro.

 

Golpe a golpe

No hay empresa que tenga un historial color de rosa, y en cada experiencia exitosa se descubren tropiezos, contratiempos y crisis superadas en distintas etapas.

En el caso de Bodega Michango, fueron varios los golpes que sufrieron, entre ellos tres asaltos en los años 2003, 2016 y 2017.
Uno de ellos causó un particular perjuicio, ya que en el robo se llevaron una compleja y muy costosa máquina de encapsular las botellas.

Era un dispositivo que demandó una enorme inversión y además requirió mucho tiempo y trabajo para calibrarla correctamente, todo para nada, porque cuando estuvo lista se la robaron. Una verdadera pena, teniendo en cuenta que quien haya sido el ladrón no debe haber tenido idea de lo que se llevaba y por ende es un hecho que no se la usó. Quizás la desarmaron para rescatar alguna baratija.
Pero sin dudas que el golpe más fuerte se sufrió en el verano de 2014, cuando llegó el trágico alud que arrasó con parte de las localidades de El Rodeo (Ambato) y Siján (Pomán).

Toda la vida, desde la primera botella de vino hasta la última, los Andreatta trabajaron con las vides de Siján, y en ese fatal enero perdieron cuatro hectáreas de la finca, sepultadas bajo dos metros de arena, lodo y piedras.
Nunca recuperaron las tierras: se perdieron para siempre. Porque el costo de los movimientos de suelo necesarios para que vuelva a ser un área fértil son siderales.

Las fincas quedaron sepultadas en enero de 2014, y en marzo falleció Oscar Andreatta, el padre del actual líder de la empresa. Un año negro para la familia, que sin embargo volvió a ponerse de pie.

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Indiferencia

Comentarios

2/7/2019 | 09:45
#6
EXCELENTES vinos y EXCELENTE persona, Felicitaciones Oscar!
30/6/2019 | 12:42
#5
Felicitaciones; y por muchos más éxitos
30/6/2019 | 11:22
#4
Emociona desde la distancia los recuerdos de esos años. Felicitaciones Oscar. Mil gracias por todo el esfuerzo y dedicacion.
30/6/2019 | 09:43
#3
Excelente oscar , sos un capo
30/6/2019 | 08:10
#2
Exelente
30/6/2019 | 00:28
#1
No le afloje oscar,es bien nuestra la bodega y es reconocida,a seguir trabajando y empujando para generar trabajo...
30/6/2019 | 00:17
#0
buenos vinos y buen champan. Coco un gran preparador de autos. Los Chrysler Neon los hacía lkegar a 170 caballos ...

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