Falleció Carlos Alberto Varela Dalla Lasta, el "Coya”

lunes, 7 de diciembre de 2020 10:52
lunes, 7 de diciembre de 2020 10:52

En la madrugada de hoy falleció Carlos Alberto Varela Dalla Lasta, el "Coya”, a los 78 años de edad. Reconocido arquitecto de nuestra provincia, fue intendente de la Capital entre 1981 y 1983, hijo de un ilustre catamarqueño que inscribió su nombre en la historia grande de la cultura catamarqueña: don Luis Varela Lezana.

En 2017, este medio le realizó una entrevista para la sección Cara a Cara. La reproducimos a continuación:

No duda en elegir su hogar como su lugar en el mundo. Por eso, a los 75 años, manifiesta su indisimulado orgullo cuando habla de su familia: Graciela Susana Rezzano, su esposa; sus hijos: Diego ("Carpincho”), reconocido periodista del diario El Ancasti, "Tupaki” (ingeniero agrónomo), "Shulko” (abogado) Agustín (empleado judicial, guitarrero y cantor) y María de los Milagros (psicóloga), y sus nietos: Delfina, Fermín, Catalina y Manuel. De profesión arquitecto, supo proyectar y construir su propia imagen sostenida por la columna principal de su vida: vocación de servicio, a la que le fue agregando algunos materiales indispensables como hombría de bien y don de buena gente. No le esquiva al tema de haber sido intendente de la Capital en la última etapa de la, también última, dictadura militar. El autor de esta nota fue periodista del municipio capitalino durante su gestión y puede resumir en dos palabras el concepto que tiene, hasta hoy, del entrevistado de este domingo: gratitud y respeto. El Cara a cara  propone compartir el pensamiento de Carlos Alberto Varela Dalla Lasta, el "Coya”, hijo de un ilustre catamarqueño que inscribió su nombre en la historia grande de la cultura catamarqueña: don Luis Varela Lezana.

 

  -Ha caminado las calles de la ciudad como pocos. ¿Qué reflexión le amerita, por ejemplo, la nueva plaza 25 de Mayo o la nueva Alameda?

  -Desde el año 1983, cuando dejé la intendencia municipal de la Capital, la ciudad, hasta hoy, ha hecho una explosión realmente muy importante. Es una ciudad que merece que se le dé más fuerza a obras de infraestructura básica, infraestructura de servicios, si bien este es un aspecto que no se ve y la política tiene el mal concepto, a mi manera de ver, de hacer cosas que se vean. De manera que considero que Catamarca sigue necesitando esas obras de infraestructura que mi maestro, Arnoldo Aníbal Castillo, me enseñó. Hoy, obras como la remodelación de plaza 25 de Mayo o La Alameda –aquí estuve precisamente hace unos días con mi señora y mis nietos- realmente me parecen estupendas, muy lindas, muy bien hechas y ojalá que el intendente (Raúl) Jalil siga el mismo trámite porque realmente es muy hermoso lo que ha hecho. Además, considero que está haciendo algunas obras de infraestructura que son interesantes, que son en definitiva las que trascienden.

 

  -En su paso por la función pública, ¿le quedó alguna asignatura pendiente, una obra que no pudo llevar a cabo?

  -Recuerdo haber tenido, y que no parezca presuntuosa mi postura, mucha vocación de servicio; me gustó siempre hacer cosas para la gente. Se han hecho obras de pavimentación en esa época, algo que era bastante difícil; se hizo la primera red de gas natural en Catamarca, algo también difícil, pero sin embargo ahí está y ahora le están haciendo extensiones. Se construyeron redes cloacales, se hicieron aperturas y mejoramiento de calles, por lo que considero que, con muchas dificultades, se hicieron cosas. Se hicieron obras con un claro espíritu cultural. Soy hijo de un artista trascendente de Catamarca (Luis Guillermo Varela Lezana) y posiblemente en homenaje a él y por la presión permanente de alguien que se llama Héctor Pianetti, que luchaba por su vocación teatral desde que vino a Catamarca junto a Cristina Pinto, se hizo una obra de carácter cultural como es el actual complejo "Urbano Girardi”. Pianetti fue alguien que permanentemente nos impulsaba para que termináramos la obra. Allí funcionaba la vieja Coascol (una cooperativa policial) y debo decir que en su remodelación trabajó personal de la vieja cárcel.

 

  -Un paréntesis: Usted era intendente de la Capital en esa época.

  -Así es. Fui intendente desde 1981 a 1983, período en que Arnoldo Castillo pasó a ser gobernador de facto de la Provincia. Lo importante es que la obra se hizo, pero debo aclarar que no la inauguré yo. Preferí que lo haga un intendente de la democracia, como lo fue don Yamil Horacio Fadel, un hombre por el cual no tengo más que palabras de agradecimiento, una extraordinaria persona. Al final, el que presidió el acto de inauguración fue (Miguel Wenceslao) "El Gordo” Chanampa, que era presidente del Concejo Deliberante y estaba a cargo de la intendencia.

   -Recordamos que vino Alfredo Alcón para ese acto.

  -Exactamente.

   -Hoy, ¿qué es lo que más le gusta y lo que más le preocupa de San Fernando del Valle?

  -La ciudad de Catamarca es hermosa. Sí, creo que no está debidamente explotada en el aspecto turístico. Las obras que se hacen son muy importantes pero considero que falta un poco de planificación. Ha crecido desmesuradamente y de cualquier manera. Existe una confusión de zonas residenciales con zonas que no lo son, y eso se debe a esa falta de planificación. Porque está claro que si no se planifica, se cae directamente en el desorden y, obviamente, el desorden genera más desorden, lo que a su vez provoca que nadie pueda llegar a resolver rápidamente las cosas, un poco lo que está pasando hoy en el país. Tenemos un gobierno que está hace poco más de un año y hay un desorden de carácter administrativo y político que está confundiendo aun más la situación. Hay que respetar los tiempos fundamentales que da la vida en democracia y, llegado el momento, castigar o premiar con el voto ciudadano determinada gestión.

   -¿Se ha sentido estigmatizado por haber  sido funcionario en los últimos tres años de la dictadura militar?

  -No, absolutamente no. Incluso me ocurrieron algunas cosas que no olvido en pleno proceso militar, cuando (Castillo) Arnoldo era gobernador y yo intendente de la Capital. La ciudad de Catamarca cumplía sus 300 años de vida y como parte de los actos culturales, traje números artísticos que eran pecaminosos para la época. En la noche de gala del tricentenario de la ciudad, por ejemplo, actuó el Dúo Salteño, expresión prohibida en esos tiempos y Alberto Cortez que, recuerdo, ante un Cine Teatro Catamarca colmado, me preguntó antes de subir a escena si podía interpretar el tango "Cambalache” –tema prohibido en ese entonces-. Por supuesto que accedí y realmente fue estupenda la recepción por parte del público. Es más: algunos funcionarios con galones (se toca con dos dedos el hombro izquierdo) se levantaron y se fueron en ese momento. No siento molestia alguna por haber sido funcionario del Proceso, porque nosotros actuamos de buena fe, con muy buena voluntad y con mucha vocación de servicio, cosas que hoy a muchos funcionarios les falta, y por eso nos pasa lo que nos está pasando.

   -El año pasado, al celebrarse un nuevo aniversario de la inauguración del complejo "Urbano Girardi”, hubo un hecho de descortesía a su persona. ¿Qué sintió?

  -Me invitó personalmente el intendente Raúl Jalil. Fui, me hicieron sentar en medio del público y bueno, recuerdo que llamaron a Pianetti y otras personas para entregarles un reconocimiento. Incluso pasaron parte de una grabación que me habían hecho, totalmente cercenada; con seguridad no fue culpa de Raúl Jalil ni conozco a quiénes estaban a cargo de la parte cultural. Reitero: lo más importante es la obra del Urbano Girardi, algo que consideré era una obra en honor a la memoria de mi padre, que había fallecido en el año 1982. En realidad, no me sentí "ninguneado”; incluso el propio Jalil me pidió que hablara, pero me negué porque entendí que no tenía sentido. Pero de esto quiero rescatar algo: cuando vos sos un hombre que transita con pureza la vida, con ganas de vivir honestamente, mirando de frente y al frente, lo demás te tiene sin cuidado. Te cuento: el otro día, en la calle, una persona se cruzó de vereda, me dio un fuerte abrazo por ese incidente en el Girardi y me hijo: "Este viejo montonero te saluda porque sos una persona de bien”. Confieso que no se quién es esa persona, pero me hizo lagrimear (se emociona).

   -¿Qué se siente ser el hijo de una figura tan relevante e histórica para la cultura de Catamarca, como don Luis Guillermo Varela Lezana?

  -Me siento muy orgulloso (y repite el concepto). Mi padre me enseñó que de las raíces se debe estar orgulloso y que es un valor que se debe preservar. Y vuelvo al episodio vivido en el Girardi: tuve una satisfacción mayor y fue un escrito que firmaron mis hijos. Lo leí con una inmensa emoción y tiene un valor que no se puede medir con palabras. Ahí uno se da cuenta que no ha pasado por la vida en vano. Además, he cosechado muchos amigos, algunos de los cuales ya no están; he tenido algunos problemas de salud bastante severos, pero acá estoy y sigo adelante. Y te reitero: siento mucho orgullo por mi padre.

   -Cuéntenos algo sobre la vida de su padre.

  -Él se inició como caricaturista. Mi viejo era autodidacta. Hay un cuaderno que debe andar por ahí, donde mi madre guardó cosas que comenzaban en el año 1913; por ese entonces mi viejo era un niño de 12 o 13 años. Allí había una anécdota donde una maestra había puesto de penitencia en un rincón a Luisito –mi padre- porque le había hecho una caricatura. Cuando el viejo fue a pedirle a don Ángel Dalla Lasta la mano de mi madre, don Ángel le preguntó en qué trabajaba, a lo que mi padre respondió: "Soy pintor, soy un artista”, para sorpresa de quien luego sería su suegro. Y en el año 1921 hizo su primera exposición de caricaturas en el Club Social de Catamarca, con personas de la época y, para su suerte, vendió todas las obras. Después se fue a Buenos Aires, donde trabajó en el diario Crítica y en la revista Caras y Caretas, con el seudónimo de "Alfa”. Cuando vuelve a Catamarca, allá por el año 1927, comienza a trabajar en óleos. Uno de los primeros óleos fue "Doña Jovita y su perro pila”, cuadro que regalé a uno de mis hijos.

   -Hay una obra emblemática que fue y es admirada por muchas generaciones.

  -La fundación de Catamarca. Cuando era intendente doné, entre otras cosas, ese cuadro.

   -¿Por qué no siguió en la vida política?

  -Fue una decisión propia. (Castillo) Arnoldo me ofreció cuando el FCS ganó las elecciones en 1991 la titularidad del ministerio de Obras Públicas que pensaba crear. A todo esto ya estaba designado mi hermano (Luis Varela Dalla Lasta) "Lucho” en Educación y le dije a Arnoldo: "Dos Varela no van a andar bien” (sonríe abiertamente), pero en realidad yo estaba trabajando bien en la parte privada; no obstante la negativa, me puse a su entera disposición, porque con él mantuve siempre una relación de amistad hasta el día de su muerte. Reitero: él fue mi maestro y me enseñó fundamentalmente lo que es tener vocación de servicio.

   -Si hoy, con el paso de los años, volviera la mirada hacia atrás, ¿diría "misión cumplida mi paso por la vida”?

  -Creo que ningún ser humano pone punto final a las acciones que pueda realizar en la vida. Creo que siempre hay algo por hacer, hasta que el de arriba disponga; el ser humano tiene que seguir adelante, seguir haciendo cosas. Tener eso que insisto tanto que es la vocación de servicio y ser coherente en la vida; tratar de quienes te puedan escuchar y quienes te rodean, tengan esa idea de coherencia, de diálogo permanente. Este país y esta provincia, por un mal entendido criterio sobre la cuestión política, se están destrozando. Si de un lado dicen "a”, del otro responden "b” y si uno dice negro, el otro dice blanco, y se terminan peleando. Nadie se sienta a dialogar como se debe dialogar y es de país civilizado hacerlo. Aquí, para llevar adelante ciertas acciones y motorizar determinados movimientos positivos en favor de la Patria, vamos a tener que esperar dos o tres nuevas generaciones. A esta altura de los acontecimientos, no me preocupo por mí, diría que estoy "amortizado”; por suerte mis hijos son grandes y trabajan sin mayores problemas. Pero pienso en mis nietos, en un escenario plagado de adicciones y en el marco de una sociedad muy violenta. Está faltando diálogo, no cabe ninguna duda. Hace rato veía los noticieros por televisión y pensaba cómo se puede vivir en Buenos Aires con tantos enfrentamientos y desorden; aquí mismo, cuando salen a cortar las calles, no se puede andar por el microcentro, es una cosa de locos.

   -¿Cuál es su lugar en el mundo?

  -Mi lugar en el mundo es mi hogar, mi familia. Tengo una mujer que es espectacular, que me ha sabido acompañar en todo; hijos que, aun con disidencias políticas en el medio, saben, todos, quién es su padre y guardan mucho respeto. Por eso mi lugar en el mundo es mi hogar.

   -Recordamos a un equipo de trabajo municipal que marcó una época: usted y los arquitectos "Lucho” Sarquís y "Meco” Álvarez. ¿Eran unos soñadores del "qué podemos hacer” cotidianamente?

  -Sí, es cierto. No quiero dejar de lado a gente como Enrique Lilljedahl, que era secretario general, el "Turco” Antonio Bernabé Monllau, que era secretario de Hacienda y un gran periodista y amigo como "El Negro” Nicolás Romero. Recuerdo que nos reuníamos permanentemente y empezábamos a soñar sobre qué podíamos hacer en épocas con muchas dificultades económicas. Teníamos una buena relación  con el gremio municipal, conducido en ese entonces por (profesor Oscar) "El Santiagueño” Vera. Además, teníamos el empuje y la colaboración de tipos como (Héctor) Pianetti y (Jaime) Collazo Odriozola y Francisco Ramón "Pinocho” Agüero. No puedo pasar por alto a un trabajador como "El Gringo”  Elizabetta, don Víctor Ríos, el hombre que hizo el edificio donde actualmente funciona el Ministerio de Salud y dirigió la construcción del Bº Esquiú, sin ser arquitecto.

Por Kelo Molas

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Comentarios

7/12/2020 | 18:31
#0
Adiós Coya, que tengas un feliz reencuentro con tus amigos Arnoldo Aníbal, Jorge Rafael, Leopoldo Fortunato y Reynaldo Benito.
7/12/2020 | 15:51
#-1
memoria verdad justicia parece que hay un pacto de silencio para colorear la historia

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