Una entrevista con el periodista “Kelo” Molas

Algunas historias de la “Tía Yoli”

Recuerdos de la madame de “El Altillo”, un prostíbulo renombrado de Catamarca. Marginada y requerida. La que hizo favores a humildes y a políticos. Una mujer querida y odiada de igual manera.
sábado, 10 de abril de 2021 14:47

¿Cuánto se puede saber de una persona introvertida?
¿Qué quisiera mostrar de su vida una de las madame más renombrada de las décadas anteriores? ¿Cómo es mirada esa mujer entre los años ’80 y ’90? ¿Qué ocurre cuando sale a la calle?
¿Por qué les hace “gauchadas” a humildes, pero también a políticos?
¿Por qué insiste con su juventud de carencia? ¿Por qué dice pero no terminar decir?
Más de una hora de conversación y un café con el periodista “Kelo” Molas, amigo de Yolanda García, esa mujer que fue más conocida por “Tía Yoli”. Una charla de búsqueda. Una oportunidad para revisar su memoria y tratar de conocer un poco más de una mujer que estuvo en boca de periodistas, deportistas y artistas nacionales de la época. Una intención de poder rescatar algunas historias. Molas habla y cuenta.

- ¿Cómo la conoce a Yoli? ¿En qué año?
- “Debe haber sido, aproximadamente, en el año 1974, 1975. Ya tenía (el prostíbulo ‘El Altillo’), lo tenía por la calle Tucumán. Y ellos vivían al frente. Cuando digo ‘ellos’ me refiero a Pepe Adén y a ella. Eran pareja, matrimonio. La conocí por esos años, con un grupo de colegas, que no voy a dar nombres por una cuestión de respeto a ellos. El prostíbulo más famoso y conocido en todo el país era ese, ‘El Altillo’. Un día yo recibí una llamada al diario y era ella, Yolanda. Siempre le digo Yolanda porque siempre la consideré mi amiga. Me invitaba a cenar una noche. Yo dije si podía ir con un amigo y fui con un amigo. Esto de invitar al amigo era un poco por temor también. Me atendió de manera extraordinaria. Estaba Pepe, el esposo. Comimos, tomamos unas copas. De esa manera la conozco. Hago una buena relación de amistad con ella. Siempre me invitaba a tomar algo. Frecuenté durante mucho tiempo. La sociedad puede tener el concepto que quiera de ella, pero lo mío es absolutamente autentico, genuino. Yo tengo mi concepto. Por ejemplo, hoy no podría existir un ‘Altillo’, un prostíbulo porque las reglas del juego han cambiado, las leyes han cambiado, los derechos de la mujer han cambiado. Las mujeres están menos vulnerables. Hoy no podía existir. Conmigo fue un amiga a la que yo le tuve mucho cariño y ella también. Después, con el tiempo, ella se trasladó a la calle Buenos Aires, que es donde actualmente funciona un neuropsiquiátrico”.

- En esa primera conversación, ¿de qué hablan?
- “En realidad, yo tenía más curiosidad que ella porque de pronto estaba en un lugar (en) que muchos quisieran estar. Recuerdo vagamente que me mostró algunas fotos, que en su juventud era una mujer muy linda, de ojos claros. Tengo entendido que tiene una hija. Vive en La Rioja o acá. Y así pasaron los años”.

- ¿De qué hablaba, contaba alguna infidencia?
- “Se quería mostrar. Era como que te quería contar de la manera que no la conocía la gente. ¿Cuál es la imagen que tenía la gente de ella? Una mujer que tenía chicas en un prostíbulo disfrazado de whiskería, obviamente. Ella contaba que… yo con el tiempo lo corroboré porque creía lo que me contaba ella. Me contaba que ayudaba a mucha gente humilde, que ayudaba con remedios cuando estaban enfermos, que ayudaba si era necesario comprar un colchón a alguno, o comprarle ropa a gente pobre que se lo pedía. Que ella ayudaba mucho. Y yo mandé a dos o tres personas. La hablaba a ella, le decía ‘mirá, ahí va a ir fulano de tal o fulana de tal de parte mía, te va a pedir porque necesita para la comida, para una ropa, para una colcha, un colchón’. Y después esa gente venía y me contaba que les había ido muy bien, que ella los había ayudado. Ella era como que se empeñaba en reflejar otra imagen. Ella no quería aparecer en los medios, le tenía terror. Ella siempre hablaba de su juventud, especialmente, no así de su infancia. De su juventud pobre, que ella luchó mucho para llegar adonde llegó porque tuvo muchas carencias. Desconozco su conformación familiar. Pero era una mujer de muchas carencias, y a lo que había llegado… llegaba a tener autos de alta gama. Cuando salía por el centro con el auto de alta gama y sus dos caniches blancos, era sinceramente llamativa. Hasta que en estas cosas se da el caso Morales. Y muchos de los periodistas ya vienen sabiendo donde es el famoso ‘Altillo’, quién es la famosa tía Yoli”.

- ¿Y cómo hacían los periodistas para saber quién era ella?
- “Para esto ya había deportistas, no los quiero nombrar, periodistas deportivos, boxeadores, iban ahí (al 'Altillo') a la noche. Es más, artistas que venían para la Fiesta Nacional del Poncho después querían prolongar la noche. Pero artistas reconocidos. Mucha de esa gente vive actualmente. En el circuito de la prostitución, a nivel nacional, 'El Altillo' era muy renombrado. Creo que los años de mayor conocimiento son los años 80, 90. Después viene el caso este (del femicidio de María Soledad Morales, en 1990). Y el caso tiene como uno de los… cae en el lugar común de la noche, quiénes frecuentaban la noche, dónde frecuentaban la noche. El 'Altillo'. Yo era director de El Ancasti en esa época. Concentraba a la mayoría de los periodistas nacionales e internacionales, por decirte de El País de España, The Washington Post, diarios de Chile, de Uruguay, de Brasil. Todos querían la nota de color que pedían las revistas como Noticias, Gente, Somos, de esa época. La nota de color era El Altillo, la tía Yoli. Lo intenté muchas veces y ella decía ‘No negro, a nadie le voy a dar una nota. A nadie’. Hasta que un día, (después) de tanta insistencia… cuando decían noche, de lo que se comentaba mucho es de que la Yoli pudo haber escuchado algo porque ahí se concentraba la noche. Ahí caían todos, no había distinción de clase, no había grietas ni nada que se parezca. Era la biblia y el calefón 'El Altillo'. Podía estar el empleado más ignoto con algún funcionario conocido, algún legislador conocido. Distintos periodistas reconocidos a nivel nacional querían la nota. Yo intercedía y siempre tenía la misma respuesta. Los periodistas ya iban a la Yoli, al 'Altillo'. Especialmente cuando lo meten preso a Luque, que esperaban todos en el juzgado en la Mate de Luna. Los periodistas a nivel nacional que estaban haciendo guardia, salían en directo para las radios de Buenos Aires, especialmente. Y después se iban ahí a pasar la noche. No había otro lugar. Un día, una de las mujeres que venían a cubrir el caso Morales, tomando un café con ella y otras dos mujeres más, periodistas de medios nacionales, dicen ‘nosotras queremos conocer a la tía Yoli’. Vuelvo a insistir, me dice ‘no, quién soy yo para que me conozcan’. Lo cierto es que un día, a fuerza de tanto insistir, le digo ‘Yolanda, ¿te parece que vamos a tu casa? Esta gente no quiere ir al boliche. Ojo que podemos ser entre 10 y 15 (personas). Es para ir a tomar un café, no más. Y charlar’. ‘Bueno, déjamelo pensar, a la tarde te contesto’, dice. A la tarde me llama y dice ‘venga mañana a la noche’. (Fue) en abril del 91. En Catamarca había 100 periodistas nacionales e internacionales. Vamos entre 12 y 15. Me dice (Yoli) ‘ningún grabador, ninguna máquina de sacar fotos’. Yo los hablo (a los periodistas): ‘Yolanda acepta, dice que vamos mañana a la noche, pero ni una lapicera quiere ver. Nada’. Nos invita a tomar un café. Era una postal irreal ver a tres mujeres reconocidas, las tres aparecen hoy por televisión. Mejor dicho: dos de ellas y una trabaja en un medio gráfico. El café que nos había prometido se extendió a unos sándwich, nos convidó bebidas. Nosotros siempre cenábamos un poco tarde porque cada uno tenía que hacer los informes, nosotros cerrar el diario local. Y (Yoli) hace la nota con Miguel Wiñazki, con pocos condicionamientos. Especialmente, sobre el caso Morales ella no quería saber nada, ni en contra ni a favor. Se cerraba en que ella no sabe nada de nada y no podía aportar nada. De esa manera salió una nota. Creo que después, con el correr de los años, también concedió (otra nota), pero todo el mundo, los canales de televisión, las radios, los diarios, las revistas estaban detrás de ella”

- ¿Por qué decidió dar esa nota?
 “No sé. Creo que le di un nombre de alguien que me pareció… Miguel me insistió mucho y siempre tuvo la imagen, la formalidad de alguien serio. Tal vez habrá dicho ‘para que no me jodan más’, como esa vuelta que nos invitó a la casa. Tal vez cansada de que la busquen, algunos le hacían guardia para tratar de sacarle fotos. Se sentía un poco acosada por la prensa. Después me enteré que andaba enferma. Intenté ir a verla y un muchacho que trabaja en la casa me dijo que estaba durmiendo, que no podía atenderme. No sé si sería cierto o no. No insistí más y después me enteré que había muerto. Yo participé en el diario, con un aviso, de su fallecimiento. Participaba (por) el deceso de mi amiga Yolanda. (A) una pariente no le gustó. En un almuerzo comenté que había muerto Yolanda y que a la tarde iba a ir por el diario a sacar un aviso. Esta pariente me dijo ‘me imagino que lo dirás en broma, que no sacarás un aviso’. Fui y saqué. Y después, a los dos días, encontré al hermano de un amigo en la Sarmiento y República, con quien yo tenía una excelente relación, un reconocido abogado. Y me dice ‘qué decepción, te vi participando en un aviso de la tía Yoli’. Digo: ‘Era mi amiga y no veo porque no participar’. Es más, le dije algunas otras cosas. La hipocresía pudo más, muchos por ese prejuicio social no participaron pero hubieran querido participar porque la Yoli hizo gauchadas a muy mucha gente. Con esto no quiero ponerla en un lugar destacado sino contar lo justo que es de una mujer que con errores, defectos, aciertos y virtudes vivió su vida. Conoció el poder político de Catamarca de cerca”.

- ¿Cómo es esto de que la Tía Yoli le prestaba dinero a los políticos?
- “Les prestaba dinero. Mandaba un sobre. Iba el chofer, el empleado de tal o cual funcionario. Venía a buscar  (la plata) y ella les prestaba. Algunos no les devolvieron y ella los insultó para toda la vida. Hipócritas porque sabían ellos que si no devolvían la plata, la Yoli no iba a salir a cobrar ni iba a hacer un escándalo público”.

Carencias
“Ella siempre recordaba que tuvo muchas carencias, que lucho muy mucho para tener lo que tenía. Y llegó a tener mucho. Lo que más recuerdo yo, es la casa que se hizo, era un caserón infernal. Siempre me hacía hincapié en que ella había sufrido mucho, que había tenido carencias, pero que siempre se las rebuscaba. Ella hacía mención a que siempre trabajó, se esforzó. Por respeto a su memoria, no podría aseverar que ella ejercía la prostitución, como muchos comentan que ella lo hacía en su momento. Ella es como que siempre quería poner un negocio, tipo restaurante. Esa idea de tener un negocio devino en un prostíbulo. Pepe Adén, con el tiempo, pone la famosa tanguería donde venían famosos cantores, cantores de prestigio. Era un boliche muy famoso. Algunos podrán decir ‘fue puesto con la plata de la prostitución’”, recuerda Molas.

Curiosidad
“Generalmente tenía empleados o empleadas que salían a hacer los trámites por ella. Muy por de vez en cuando hacía un trámite bancario. Era una novedad, todo el mundo comentaba ‘ahí anda la tía Yoli en el banco’. Generaba esa curiosidad, además porque era muy amiguera. La conocía todo el mundo. Ella salía con chicas en el auto, al centro a dar una vuelta, con los caniches, y era todo una novedad. Es muy posible que haya manejado el marketing de esa manera. Era un personaje muy divertido. Digo que fue mi amiga y al margen de todos los errores que haya o no cometido, no soy quién para juzgarla. Resalto este tema de la hipocresía. Mucha gente por hipócrita y determinados prejuicios, tal vez no participó”, comenta Molas.

- ¿Cómo era observada por la sociedad de esos años?
- “Creo que la sociedad la miraba de una manera discriminatoria total. Como que Yolanda era un ser de otra clase social, que se podía despreciar fácilmente. Insisto, es la hipocresía de la gente porque a cuánta gente le hizo gauchadas la Yoli. Y no gente necesariamente humilde, carencia, sino a muchos que ocuparon cargos públicos y demás. Esos caretas no van a dar la cara nunca. Allá ellos”.

- ¿Qué le generaba el ser marginada por la sociedad?
- “Creo que pudo haber tenido un dolor interior. Nunca se manifestó de una manera resentida, de una manera como revanchista. Jamás. Creo que ella sabía quiénes la querían y quiénes la odiaban. Conocía bien la sociedad de Catamarca. Ella conocía quiénes eran hipócritas y quiénes no. Pero jamás mostró un resentimiento. Vivió la vida a su manera. Fue feliz a su manera. Sí creo que debe haberse llevado muchos secretos a la tumba. Más de uno. Secretos de la vida misma, de Catamarca, de esa época, de personajes”.

- ¿Había llegado a ser la madame más famosa del circuito de la prostitución del país?
- “Sí, indudablemente porque algunos periodistas, artistas, venían y muchos y venían con eso de que querían conocer a este personaje. Muchos. Porque indudablemente se comentaba y el hecho de que las chicas eran de distintas provincias, habla a las claras de que en el circuito de la prostitución ella tenía un nombre ganado”.

- ¿Cómo trataba a las mujeres que trabajaban en El Altillo?
- “Era severa en cuanto al orden, cuidaba su negocio, ni más ni menos. Y siempre trataba de poner orden, de evitar las discusiones y todo. O alguna pelea que se pudiera generar”.

- ¿Ella se imaginó su vida fuera del ámbito del trabajo?
- “Alguna vez dijo o la escuché comentar ‘a fin de año tiro todo al diablo y descanso’. Pero no, era su vida, para eso vivía ella. Era su vida. Y tenía gente, tenía empleados. Las noches que se habrán vivido ahí. Noches de locura, de alcohol, de divertimento. Hoy día hay un psiquiátrico ahí, vaya vueltas de la vida. Otra cosa no podía haber ahí. Se juntaba lo más insólito de imaginar. Vos entrabas y ahí estaban los personajes”.

- ¿Tenía alguna pena, algo que haya lamentado?
- “Cuando uno podía contar algún problema, alguna cosa, ella atendía con muy mucha atención. Un poco forma parte de su misterio, de todos los misterios que rodean tanto al personaje como al boliche en sí. Era como que ella cuando contaba algo de su vida, era como que siempre se quedaba a mitad de camino. Como que algo nunca contó. Era como que siempre daba esa impresión de que tenía cosas para contarte y nunca las contaba. En ese aspecto, era más bien reservada. Un personaje querido y odiado de igual manera. En medio de todo esto, la hipocresía de gran parte de una sociedad que la tenía absolutamente marginada, pero que también recurría en busca de ayuda cuando había que buscar plata. Eso también es cierto. Y no lo puede desmentir nadie.  En el sur (de la Capital) hay gente que la recuerda de la mejor manera porque es gente que ha ido a pedir una gauchada. Muchos la recuerdan con afecto”.

Por Marcelo Carabajal.
 

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Comentarios

10/4/2021 | 18:53
#0
pensar que casi toda Catamarca fue a enterrar la batata al altillo ja. Desde el mas marginal hasta el de apellido mas selecto jajaja
10/4/2021 | 18:37
#-1
Digan lo que quieran, pero vivir de la prostitución de otras personas es lo que hoy se llama TRATA DE PERSONAS PARA PROSTITUIRLAS.
10/4/2021 | 18:29
#-2
muy bueno el informe de la famosa Tia Yoly felicitaciones