Por medio de la “vaca mochilera”

Miden cómo la ganadería afecta al cambio climático

La ganadería argentina, después del rubro energético, es la actividad que genera mayor emisión de GEI en el país.
viernes, 06 de agosto de 2010 00:00
viernes, 06 de agosto de 2010 00:00

Una colorida “mochila” plástica donde se almacenan los gases que produce en sus estómagos una vaca, sirve para recolectar y medir los gases ruminales, que de otro modo serían expedidos en forma de eructos.
Éste es un novedoso método desarrollado por el grupo de Determinación de Gases de Efecto Invernadero, del Centro de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas INTA Castelar. El grupo es coordinado por Guillermo Berra, y trabaja desde 1996 para evaluar los efectos de las actividades agrícolo-ganaderas sobre el calentamiento global, plantear diferentes formas de mitigación y contabilizar los niveles de gases de efecto invernadero (GEI) para el inventario del Protocolo de Kioto (PK). En esta línea, son los responsables del sector ganadero en las comunicaciones nacionales, en las que se estiman las emisiones de metano y óxido nitroso generado por los vacas, de acuerdo con los compromisos asumidos por el país a ratificar por el PK.
Innovador
“Este sistema telemétrico, que registra y cuantifica on-line los gases generados en el rumen de los bovinos, permitiría evaluar las emisiones de GEI en los diferentes sistemas productivos, a los efectos de elaborar políticas de reducción de emisiones”, expresó Berra. Además, agregó que “puede ser monitoreado desde cualquier lugar del mundo, ya que la información generada es subida a un servidor y queda disponible en Internet”.
Pero, ¿cómo funciona? “Consiste en un sistema electrónico, instalado con un arnés en la región dorsal del bovino. Se acopla mediante microfístulas ruminales a un sistema de cánulas comunicadas directamente con el interior del rumen, donde se forman los gases que contienen metano”, explicó el técnico del INTA.
Esos gases, producto de la fermentación del alimento ingerido, son emitidos hacia el exterior a través de las cánulas, que cuentan con válvulas unidireccionales para evitar su reingreso al rumen. Luego, un sensor de flujo mide el volumen de gas emitido y envía una señal que, vía Internet, permite su registro en una computadora.
Compromiso
La ganadería argentina, después del rubro energético, es la actividad que genera mayor emisión de GEI en el país. Y tanto que alguien, con buen tino, definió a la vaca como “una cuba de fermentación con patas”. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los rumiantes producen el 18% del las emisiones mundiales.
De hecho, el ganado bovino es responsable del 35% de las emisiones totales de gases contaminantes de la Argentina, de las que corresponden un 52% de óxido nitroso (N20) y un 48% de metano (CH4). Una vaca de unos 550 kilos puede emitir entre 800 y 1.000 litros diarios de gases con un 25-30% de CH4. La cifra adquiere dimensiones significativas si se consideran las 55 millones de vacas que pueblan el territorio nacional.
“La comunidad mundial busca mecanismos para reducir la emisiones GEI y establecer medidas de mitigación, que eviten las consecuencias del cambio climático”, dijo Berra.
 

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