A telón abierto

viernes, 09 de agosto de 2019 00:30
viernes, 09 de agosto de 2019 00:30

Decididamente: Emilio Morales ya forma parte indisoluble de la historia de la Fiesta Nacional del Poncho. Un podio al que sólo pudo acceder un lote de catamarqueños en 52 años de vida del mayor encuentro artesanal-artístico que tiene el país en las vacaciones de invierno y uno de los mejores de la Argentina en su género. Un privilegio que por sobrados méritos supieron alcanzar referentes y hacedores de nuestro folclore de la talla de Margarita Palacios, Selva Gigena, Silvia Pacheco, Atuto Mercau Soria, Polo Giménez, Jorge “Negro” Rojas, Carlitos Martínez, Los de Catamarca, Carlos Bazán, Naco Rueda, Los Arrieros de Valle Viejo y Rafael Toledo, entre otros, más algunos destacados valores de nuestro interior provincial, desde Antofagasta de la Sierra hasta Recreo. Apenas un par de años fueron suficientes para que el joven cantor luzca su chapa de empresario con la peña que lleva su nombre durante la realización del festival, a modo de sumar un eslabón que haga más sólida la cadena de hechos que desde hace muchos años mantiene unidos al Poncho y Emilio Morales. Al reconocido mensaje que deja año tras año en el escenario, donde junto a su banda exhibe la elaboración de un espectáculo, le sumó ahora otra responsabilidad: que el Poncho tenga el color y sabor a fiesta, esa condición que había perdido hace ya un largo tiempo. “El Rancho de Emilio Morales” fue durante diez días el punto convergente del aplauso generoso, el abrazo cálido y el apretón de manos del amigo, donde siempre había una guitarra y un cantor para decirles a propios y extraños que estábamos viviendo el Poncho. Seriedad y responsabilidad. Trabajo y más trabajo.


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  Siempre reconocimos en Emilio Morales su capacidad laboral y el sentido profundo de la profesionalidad, a diferencia de otros que practican el amateurismo durante todo el año y pretenden sacar pergaminos profesionales cuando llega la fiesta de julio. Emilio siempre está. Sea en una peña solidaria, en cualquier festival pago en la provincia o en otros puntos del país o en una guitarreada de amigos. Y antes de identificarse con su voz, muestra orgulloso esa documentación que no la tiene cualquiera y que se gana únicamente transitando de la mano del deber ser en la vida: el DNI de buena gente, de buena madera, como decían nuestros abuelos. Para que presuman su madre Norita y su tío, el médico Toño Morales, allá por la zona del club Hindú. Esa calidad humana, sumada a sus condiciones artísticas, lo llevó a tener el reconocimiento público de famosos como Los Nocheros, El Chaqueño Palavecino, Dúo Coplanacu y tantos otros con los cuales comparte sueños, rutas y festivales. A poco de finalizar el Poncho 2019, lejos de entregarse al descanso, el chango nuestro de cada día tomó su guitarra y junto a sus músicos se fue a participar en el sur tucumano del Festival de Simoca, donde una vez más brilló con luz propia para rubricar con una “misión cumplida” el saludable desafío de llevar bien en alto el nombre de Catamarca en cada una de sus presentaciones. A todo esto, mención especial para los músicos que lo acompañan: Hernán Cruz (guitarras), Cristian Barrionuevo (bajo), Denis Ramírez (percusión), más un calificado invitado, Eduardo Ramírez, “El Príncipe del bandoneón”, quien supo acompañar a Coplanacu, Peteco Carabajal y Raly Barrionuevo. Además, ya se está preparando para darle continuidad al ciclo “Colectivo Cultural”, que lo tiene como principal protagonista en las visitas a los barrios catamarqueños. Tratándose de Emilio Morales, siempre hay más fechas.


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Sin el ánimo de entrar en  odiosas comparaciones, hay un pequeño gran detalle que le falta a la Fiesta Nacional del Poncho y que, por ejemplo, tiene el Cosquín cordobés. En el festival del Valle de Punilla, un artista que alcanza el rótulo de revelación  o consagración, es como haber obtenido la llave para abrir la puerta y comenzar a caminar el sendero del éxito, siempre y cuando detrás de esa premiación haya un sostenido respaldo empresarial para hacer atractivo el producto y la decisión de triunfar del ganador. Está claro que junto a la distinción, hay que tener cualidades, un mínimo de talento, responsabilidad profesional y hasta si se quiere una cuota de suerte para alcanzar la fama soñada. Así llegaron Mercedes Sosa, Víctor Heredia, Los Nocheros, Peteco Carabajal, Jorge Rojas y tantos otros. Aun en épocas de crisis, Cosquín tiene esa magia intacta de lanzar a la consideración pública a determinados valores. Algo así como ponerle los cimientos a una futura construcción artística. El Poncho carece de esa magia y habrá que buscarle la vuelta para que un reconocimiento (revelación o consagración) alcance posteriormente una proyección a nivel nacional. Trabajo para las futuras organizaciones de la fiesta. Entendemos que un premio atractivo puede motivar a la preparación de un buen trabajo a ofrecer arriba del escenario.
 

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