Editorial

Mandela

miércoles, 05 de diciembre de 2018 00:00
miércoles, 05 de diciembre de 2018 00:00

Hoy es el quinto aniversario del fallecimiento de Nelson Mandela, uno de los líderes internacionales cuya vida y obra merece el reconocimiento de la mayor parte de la humanidad. En tiempos tan convulsionados, son cada vez menos las figuras que generan consensos unánimes, y el sudafricano lo logró a fuerza de convicciones, de luchar por la hermandad y de su propio sufrimiento.
Mandela nació en el seno de una familia de la realeza sudafricana. Su bisabuelo fue rey de los Tembu, una casa real de fuerte influencia afrodescendiente. Su padre lo bautizó como ‘Rolihlahla’ que en lenguaje Xhosa traduce ‘arma problemas’.
Luego de una infancia feliz, colmada de excelente educación, Mandela se hizo joven y escapó de su tribu una vez supo que le habían arreglado un matrimonio.
Llegó a Johanesburgo para estudiar leyes, donde se enfrentó con la realidad que vivía su país: el apartheid. Se trataba de un sistema de segregación racial impuesto por los Afrikáners, la minoría blanca de origen neerlandés.
Tras graduarse como abogado, Mandela comenzó un camino de activismo social con grupos juveniles adheridos al partido político del Congreso Nacional Africano.
Sus manifestaciones en público, con llamados a la desobeciencia civil para exigir igualdad de derechos civiles a favor del pueblo afro, le hicieron ganar protagonismo en Sudáfrica.
En 1956 Mandela fue arrestado por primera vez y enjuiciado por traición. Pero el panorama empeoraría terriblemente en 1962, cuando sería privado de su libertad.
Mandela pasó encarcelado un periodo de 27 años, casi tres décadas.
Lo liberaron sólo por miedo a que muriera preso, y eso desatara un caos por la reacción de sus seguidores. También la presión internacional sobre el Gobierno de Sudáfrica logró poner en libertad a Mandela en 1990. A partir de allí, su partido, el Congreso Nacional Africano ganó los comicios y fue elegido presidente. Su lucha para abolir la ley del apartheid, y ponerle fin a la discriminación racial en su país le valió el premio Nobel de Paz en 1993.
Niño feliz, joven perseguido, adulto luchador. Preso sin causa, presidente, Nobel de la Paz. Todo eso fue Mandela, un hombre, un símbolo. Murió a sus 95 años el 5 de diciembre de 2013.

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