Editorial

Dura prueba

jueves, 28 de octubre de 2010 · 00:00

La muerte de Néstor Kirchner representa uno de los acontecimientos más impactantes desde la recuperación de la democracia en el país, en 1983.
Al margen de cualquier postura personal, identificación o ideología, es un hecho innegable que en las últimas tres décadas no había muerto un político tan influyente en la plenitud de su actividad.
La particularidad del caso se acentúa además por tratarse de la persona que antecedió a la actual Presidenta, que no es otra que su esposa.
Sin que esta visión implique una falta de respeto o de desvalorización del rol de Cristina Fernández, debe decirse que el deceso de Kirchner es lo más cercano a la muerte de un Presidente en ejercicio de sus funciones.
Lo es en el mejor sentido, porque era, como un buen matrimonio, una parte insustituible de la Presidenta. Compañero de décadas, de lucha, de pensamiento y de acción.
Cristina Fernández, la viuda de Kirchner, se enfrenta así a un momento de extrema exigencia. Porque deberá sobrellevar el duelo personal de una mujer que ha perdido a la persona más importante de su vida, y simultáneamente atender la mayor responsabilidad que le cabe a un ciudadano argentino, como es la conducción del país.
Este desafío personal es también una dura prueba para la joven democracia argentina, que deberá mostrarse capaz de transitar la tormenta sin perder el rumbo institucional.
Es un momento delicado y difícil, en el cual se requiere la templanza colectiva, la prudencia y la humildad de la clase dirigente, que deberá postergar disputas sectoriales para brindar un real apoyo.
Socios y adversarios políticos coincidieron en comprometer su respaldo a la Presidenta en las horas posteriores al conocimiento de la conmocionante noticia.
Es de esperar que esta actitud positiva se traduzca en actitudes concretas, porque concierne no sólo a un drama personal sino a la estabilidad del sistema que el país eligió.

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