Apuntes del Secretario

En tres semanas más sabremos, a ciencia cierta, la fecha de las elecciones provinciales. Es el plazo que tiene la gobernadora para poner las urnas en el mes de marzo, tal como lo sabía hacer el Frente Cívico durante los gobiernos castillistas y brizuelistas. Si desiste de la facultad que le otorga la Constitución, como suponemos ocurrirá, automáticamente la dilucidación del poder provincial pasa a octubre de 2019, en coincidencia con la disputa presidencial. Seguramente a partir del momento que quede dibujada la carrera electoral podrían comenzar a definirse cuestiones y planes que se piensan, pero no se dicen, o especulaciones todavía contenidas para analizar el posicionamiento general de la política. Lo que queda claro es que ninguna fuerza tiene una base organizacional definida, mucho menos precandidaturas, y todo hace prever que en los comandos principales habrá discusión a fondo por la posesión de los cargos que se pondrán en juego.

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Una de las mayores dudas electorales tiene como protagonista excluyente al intendente de la Capital, Raúl Jalil, considerado por el oficialismo de gran valor estratégico, especialmente en territorio capitalino, aunque se sabe que también fue tentado por uno de los bandos radicales y la alianza Cambiemos. Sea desde el lugar que sea, Jalil lo que pretende es la gobernación y en esa dirección, hasta ahora, ha tenido varias posturas. En algún momento señaló enfáticamente estar dispuesto a disputar una interna dentro del peronismo. En otro votar por Lucía Corpacci si ésta va por un tercer mandato y, en el medio de ambas declaraciones, desechó la posibilidad de aceptar conformar la fórmula en calidad de vicegobernador. Pronto, muy pronto, sabremos a ciencia cierta cuál será su futuro, aunque descontamos que no terminará en 2019. A propósito del intendente, lo reiteramos, su nombre no desaparece de las marquesinas radicales. Hay sectores importantes, como la orgánica de la UCR, que lo bancan. De todas maneras, dirigentes como José “Chichi” Sosa no lo consideran “el mesías” y descreen que pueda llegar a Cambiemos. “No va a venir nunca”, le aseguró a la prensa. ¿Será? Paralelamente, el exdiputado provincial pidió gestos concretos, ante el riesgo de “seguir como un partido raquítico y debilitado que solo hace discursos que nadie cree”.

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El peronismo andalgalense, al parecer, vive en un debate interminable y nunca termina de unificar discurso y acción proselitista. Por eso pierde las elecciones y, si no amalgama un proyecto serio, no tiene miras de recuperar el poder departamental. Días pasados, a propósito del sector, estuvo en la “Perla” el secretario general del PJ, diputado Isauro Molina, quien reunió a dirigentes como el exintendente José Perea, el concejal Juan Guerrero o los referentes Adán González y Martín Sarmiento. Por lo que concluyen las crónicas periodísticas, todas fueron recriminaciones. Desde candidaturas a dedo que se digitan desde Capital a concejales que juegan a la personal, lo que durante los dos mandatos de Alejandro Páez se puso de manifiesto claramente. Un buen consejo sería que los dirigentes trabajen y no esperen todo servido. Deberían tomar conciencia que en la política “nadie regala nada”.

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Así como desde la oposición se insiste con denuncias tras denuncia, se descuenta que los operadores oficialistas en campaña se acordarán especialmente del Plan Belgrano, un proyecto faraónico para las provincias del norte argentino que ha terminado en una ficción. Aquella promesa de Mauricio Macri que se invertirían 16.000 millones de dólares a lo largo de 10 años ni siquiera alcanza a la categoría de “cuento chino”. Es que la cifra que se puso como carnada para captar votos en 2015 se parece demasiado a la dimensión de los préstamos que llegan desde el Fondo Monetario Internacional y que, para conseguirlos, demandan hipotecar la tranquilidad ciudadana y la paz social. Como la mentira fue tan grande, ninguna explicación vale y, en esa dirección, comprendemos los esfuerzos que hacen algunos diputados o el representante catamarqueño del Plan, el abogado Miguel Vázquez Sastre, quienes en los límites de la impotencia justificaron la “ilusión Belgrano” con el rejunte de plata que pueda colocar la Nación dentro de los límites provinciales. Con tan burda postura, todas las obras que quedaron inconclusas del gobierno anterior (dique El Bolsón, ruta Andalgalá-Belén, Hospital de Niños, viviendas, etc) pasarían a ser patrimonio político de las nuevas autoridades. ¡Para que así sea solamente colocaron carteles que identifican como propias las ideas y gestiones ajenas! Naturalmente, ningún catamarqueño medianamente informado va a dar crédito a una verdadera patraña.

 

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Casi una ingenuidad. Los diputados nacionales Gustavo Saadi y Silvana Ginocchio propondrán, en el Congreso, la creación de una nueva comisión de trabajo a la que llamarían “de crecimiento armónico de la nación” y que buscaría ponerle coto a los desfasajes que existen entre las distintas provincias, esto es, las grandes y las chicas. La iniciativa, por cierto, es loable, pero que efectivamente vaya a funcionar es poco menos que una quimera, como queda demostrado cada vez que Catamarca tiene que negociar con las autoridades nacionales. No tiene otra alternativa que arrodillarse ante el poder central que, durante los últimos gobiernos, es ciento por ciento unitario. Aquello del federalismo queda para los discursos y para revivir la batalla perdida ante el puerto de Buenos Aires en el siglo XIX. Para peor, los propios demócratas de los últimos 35 años, hicieron lo posible para que las asimetrías fueran cada vez más profundas. El ejemplo más acabado de lo que afirmamos fue la reforma constitucional de 1994 en la que, vergonzosamente, se arrancó de cuajo al viejo y sabio Colegio Electoral. Menem y Alfonsín lo hicieron para que los destinos de la Patria la definan Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. Agreguemos Tucumán. ¿A quién le puede importar el resto del país o los raquíticos padrones electorales de Catamarca y La Rioja? Los derechos de ellas están reconocidos en la Constitución, como dicen Saadi y Ginocchio, pero el sistema los torna de cumplimiento imposible.

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Fuentes seguras de Vialidad Nacional, en torno a la supuesta comisión de irregularidades o algún delito específico, confirmaron a El Esquiú que el convenio para terminar la obra y pavimentación de la ruta Las Mojarras (Santa María-Catamarca)-Quilmes (Tucumán) se estableció en base a reglas habituales y sujetas a Derecho. El tema había llamado la atención porque Vialidad Provincial actuó en este caso como una empresa contratista de su par nacional y, en ese marco, subcontrató con otra empresa local sin necesidad de hacer un concurso de precio. La mejor oferta fue de Vial Nort, propiedad de Ariel Barceló, la que únicamente cobra por su trabajo cuando Vialidad Nacional paga, situación que todavía no se completó a pesar que el trascendental emprendimiento ya se inauguró. En cuanto a su precio, es bueno consignar que, por voluntad política de las autoridades y acatando disposición de la propia gobernación, se privilegió terminar el proyecto por encima de cualquier ganancia dineraria.

 

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“Sobre llovido, mojado”. Vale la expresión popular para el abogado Luciano Rojas que, por afuera de su actuación profesional, se daría el lujo de tener cargos públicos supuestamente paralelos e incompatibles. Así es. Sería fiscal municipal en los departamentos Andalgalá y Santa Rosa al mismo tiempo. No lo decimos nosotros, sino los concejales de ambas ciudades. En el Oeste, el peronista Sebastián Almada lo denunció ante la Justicia por defender a un particular con una precaria relación laboral con el Estado, en contra de la propia Municipalidad, por cuyos bienes tiene que velar. A los pocos días, en jurisdicción que gobierna Elpidio Guaraz, el concejal Mario Páez formalizó un pedido de informes sobre la supuesta actuación del abogado Rojas como fiscal municipal. Veremos qué respuesta hay pero, por lo pronto, si no hay desmentida, el reconocido profesional tendría dos cargos en dos ciudades distintas y su lugar de residencia sería el Valle Central. Raro, ¿no?

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RECUERDOS.

El bloque final, como siempre, contiene el repaso de acontecimientos de los últimos 25 años.

Un primero de noviembre, hace 25 años atrás, se reunía el comité provincial de la UCR para definir su participación, o no, en el plebiscito que el gobierno nacional había convocado para el día 14 y que intentaba demostrar que el pueblo estaba a favor de reformar la Constitución y permitir la reelección de Carlos Saúl Menem.

Luego de una larga discusión, los radicales de Catamarca resolvieron que llamarían a votar por el “no”. Mientras tanto, el Partido Justicialista que, tres meses antes había sido recuperado por Ramón Saadi tras un prolongado período de intervención, apostaba por el “si”. Ambas posturas, al final, no se iban a dilucidar en las urnas.

El expresidente de la Nación terminaría acordando con el líder radical de la época, el extinto Raúl Ricardo Alfonsín, una reforma consensuada que, además de la reelección presidencial, incluiría la creación de la Jefatura de Gabinete y el aumento de un senador nacional por provincia. 

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Hacia finales de octubre de 1993, en forma indeclinable, presentaba su renuncia como subsecretario de Finanzas el contador César Haddad. Oriundo de Andalgalá, el dimitente cumplió una aceptable tarea en los primeros años del Frente Cívico y Social.

Lo reemplazó en iguales funciones el contador Raúl Giné, quien prestó juramento ante el exministro, Hernán Colombo. Giné también sería ministro de Educación durante las gestiones radicales.
 

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