Vacunas

sábado, 08 de diciembre de 2018 00:00
sábado, 08 de diciembre de 2018 00:00

La vacunación se ha convertido en una de las mejores alternativas para prevenir enfermedades y reducir los índices de mortalidad en el mundo. Es preventiva, confiable y en la mayoría de los casos gratuita.

Sin embargo, prevalece cierto desconocimiento sobre su incidencia, lo que lleva a que muchos calendarios no se cumplan, o que los adultos consideren que es una práctica para niños.

Esa ignorancia lleva a que se implementen campañas de vacunación y -teniendo las dosis a disposición- no se alcance a cubrir toda la población por desinterés de la gente. Los médicos andan muchas veces detrás del paciente, que parece no tener en cuenta aquello que puede protegerlo.

La viruela es una enfermedad de referencia en la comunidad científica. Fue una de las pandemias que más vidas cobró en la historia pero también la única en ser erradicada gracias a la vacunación, un procedimiento que previene el contagio de enfermedades y que recién nacidos, niños, adolescentes y adultos tienen el deber de realizarlo en las distintas etapas de su vida.

Actualmente se advierte la presencia de una resistencia cultural en muchos adultos quienes consideran ser 100% inmunes contra las enfermedades infecciosas tradicionales y la creencia que las vacunas sólo se aplican a los chicos. 

Es al revés: los mayores corren el riesgo de adquirir, por ejemplo, las hepatitis A y B y la gripe clásica, especialmente aquellos con propensión a sufrir complicaciones severas (de alto riesgo): embarazadas, mayores de 60 años, pacientes con deficiencia cardíaca, pulmonar y trasplantados, así como quienes portan el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Para estas y otras enfermedades existen vacunas muy efectivas.

Si bien la mayoría de los padres vacuna a sus hijos, existen corrientes radicales provenientes principalmente de países desarrollados opuestas a hacerlo.

Es un despropósito que se desperdicie una herramienta que está al alcance de la mano.

Hace falta una adecuada y oportuna orientación profesional, para persuadir a los pacientes.

Y también, que la comunidad se informe y asuma la responsabilidad de seguir aquel camino que, en definitiva, es el que más la favorece.

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