El Secretario

martes, 27 de julio de 2021 01:49
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Una obra histórica y superadora no puede devenir en un problema por falta de diálogo, pero es lo que comienza a ocurrir en el renovado acceso a la Gruta de Choya, donde se invirtió una auténtica fortuna -incluyendo fondos de Nación, Provincia y Municipio- y ahora hay un conflicto latente por el destino de quienes trabajaban en la zona, y ahora ven su fuente de ingresos en peligro. La Gruta de la Virgen del Valle es posiblemente el punto más convocante de todo el territorio catamarqueño.
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Decenas de miles de vecinos y turistas de todo el país se acercan allí cada año, para conocer o visitar el sitio donde fue hallada la imagen de la Morena. Es uno de los santuarios más importantes de la Argentina, lugar de rezo, agradecimiento, ruego, reflexión y recogimiento espiritual, pero también un atractivo turístico de enorme relevancia. Nada de malo hay en aprovechar el turismo en un sitio religioso: en la misma plaza de San Pedro, en El Vaticano, hay oficinas turísticas: es una oportunidad de generar trabajo y recursos honestos.
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Ante esta realidad, la obra que se hizo es digna de ser aplaudida. Cuenta con instalaciones amplias y cómodas, que brindan seguridad, belleza y confort para todos. Es una real puesta en valor de un rincón especialísimo de Catamarca. Lo que no se comprende es que a partir de ese logro surjan tantos inconvenientes. Ocurre que las autoridades, concluido el trabajo, cedieron su administración a la Iglesia, y el Obispado inició un manejo que puso en pie de guerra a los feriantes. Al parecer les ofrecen contratos de alquiler de los flamantes locales comerciales, por dos años y sin precisar costos. Los vendedores, que llevan décadas trabajando en el lugar, sienten que en lugar de ayudarlos los están perjudicando. Una situación que deberá replantearse contemplando el respeto a quienes sostuvieron tanto tiempo sus puestos allí, y ahora deberían ser los primeros beneficiados con lo que se hizo en lugar de caer en la incertidumbre. Entre otras cosas porque para la obra se utilizó dinero de todos, y la Iglesia deberá ser solidaria a la hora de administrar aquello que recibió sin esfuerzo alguno.
 

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Comentarios

27/7/2021 | 10:48
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Vergonzosa la mercantilizacion de una estatuilla doliente llamada virgen, convenientemente colocada por los monjes en una pequeña gruta alla por 1620 para que los lugareños le rindieran culto. Tan exitosa fue la gesta que se constituyo en el principal recurso turistico de la provincia, ahora vilmente aprovechado por el impresentable obispo para hacer negocios con los creyentes y con los dineros publicos.

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