Cara a cara

El que sueña con una mayoría de buenos

Hoy: Antonio Prevedello.


A los 66 años, ha vivido una larga vida, a la honra paso a paso. Conoció los laureles del triunfo a través del deporte, especialmente el automovilismo. Sabe de qué se trata cuando se habla de trabajo. Es hijo de Ana María Brunello y Primo Antonio Prevedello, toda una institución en el marco de las instituciones chacareras. El hombre que le dio lustre al apellido Prevedello, sinónimo de Tres Puentes en el departamento Valle Viejo. Junto a Ana María Colla son los padres de Meliza y Tiziano y flamantes abuelos de  la pequeña Abby. Tiene cuatro hermanos: Lita, Ricardo, Carlos y Cecilia. No descarta incursionar en política, pero advierte: “no para mentir, porque no podría faltarle el respeto a la gente”. No quiere un país con políticos ricos y un pueblo pobre. Confía y cree en los “buenos políticos y los buenos hombres que quieren una justicia plena, aunque sean minoría”. Dice tener el honor de llevar los nombres y  el apellido de su padre. Como todos en su familia, es simpatizante de River Plate, Villa Dolores y el Ateneo Mariano Moreno. Hace 10 años hizo pie en la Capital con su empresa  “Primo A.Prevedello y Cía. S.R.L.”, dedicada a la venta de materiales de construcción. El Cara a cara de este domingo propone conocer el pensamiento de Primo Antonio Prevedello (h). 
  -Si nombramos el apellido Prevedello, ¿qué estamos diciendo, de qué estamos hablando?
  -En honor a la memoria de mi padre, creo que la familia Prevedello tiene su acento, a la luz de la consideración pública, en la faz deportiva. Mal o bien, cada uno hace lo que puede y hasta donde llega. Más allá, ya desde el punto de vista empresarial, considero que no es tan significativo. Todo depende, lógico, desde la óptica que se lo mire. Sé que es un apellido que “suena”, fundamentalmente desde lo deportivo; lo empresario es absolutamente secundario. Somos una familia de deportistas: tanto Carlos con sus hijos, Ricardo, en fin: todos. Tratamos siempre de inculcarles a nuestros hijos el deporte y la cuestión de la familia; después, lo comercial, viene por añadidura. Si sos conocido y respetado en el ámbito deportivo, el aspecto comercial viene solo.
  -Algún recuerdo de la niñez a la sombra de Don Primo.
  -¡Tantas cosas! Mi papá era un tipo de pocas palabras…para con la familia. Todo lo decía y lo hacía con el ejemplo. Hombre tenaz para el trabajo, para el deporte. De buena conducta, de ejemplar disciplina. De quedar bien parado en cada paso que daba. Mi papá fue una persona muy querida, muy “amiguero”, muy solidario. Además, era dueño de una humildad enorme. Era de darse con todo el mundo. Su figura fue intachable, sin lugar a dudas; y diría que a medida que pasa el tiempo la figura de papá es como que va tomando cada día más valor. Y mirando los tiempos que vivimos, estoy seguro de eso.
  -¡Cuánta falta nos está haciendo esa gente cargada de tantos valores!
  -Ya que tocás el tema partiendo desde la figura de Primo, debo decirte algo: hay gente con valores importantes, gente buena de verdad, estoy convencido que la hay. Pero, ¿sabés una cosa? Creo que ellos, esa gente  buena, saben que hoy les puede ir mal si se comprometen…por eso no se meten. Es como que en todos lados y miren para donde miren, está todo mal. Tienen la sensación de que todo esto está sin rumbo; entonces, optan por no ser protagonistas. Argentina tiene un cáncer muy grande; y digo Argentina porque ocurre en todos los puntos del país: le está faltando vivir en  un contexto de justicia plena. Comenzar por tener una justa justicia, y valga algo que parece un juego de palabras, y poner énfasis en una buena educación al alcance de todos, constituyen dos elementos para un buen comienzo en el intento de cambiar este estado de cosas. Pero es urgente y fundamental que la Argentina sea un país que tenga justicia: un país sin justicia no existe. Hay funcionarios y ex funcionarios que han matado muchos niños y mucha gente robándose la plata que era de la sociedad. Y esto pasa. Y esto es como que nadie lo ve. Estoy convencido que la justicia tiene muchas cuentas pendientes con el país.
  -Está claro que si hablamos de la falta de una justicia plena, esto tiene que ver con un país con mucha corrupción.
  -Es algo que lamentablemente está muy arraigado entre nosotros. Algo debe quedar en claro y lo digo absolutamente convencido: no todos los responsables de hacer justicia son corruptos ni todos los políticos son igualmente corruptos. Cometería un gran error si cayera en la irresponsabilidad de, como se dice, “meter a todos en una misma bolsa”. Gracias a Dios, si todavía nos queda un pedazo de esperanza de que esto pueda mejorar, es porque hay gente en la que podés confiar; gente “de buena madera”, como decía papá. Lo único lamentable es que esa gente buena que todavía nos merece confianza, es minoría, lo cual representa un gran problema que algún día tendremos que resolver. Ojalá los buenos fueran mayoría. Hoy, al buen funcionario le cuesta mucho avanzar. Y lo expreso con todo el dolor que ello significa.
  -Suponemos que no fueron pocas las veces que te tentaron para actuar en política.
  -Y…sí. Cada vez que se acerca el tiempo de hacer política, soy invitado por distintos sectores partidarios. Mi respuesta fue negativa siempre porque son muchos los factores que inciden para fundamentar el “no”. Primero, porque me debo principalmente a mi fuente de ingresos, en la que represento a la familia; al menos así lo siento yo. Pero también llega el momento en la vida en la que uno piensa: “ya está, hasta dónde llegué es suficiente, está todo bien”. Y en más de una oportunidad pensé: “quisiera devolverle algo a la gente y a la provincia un poco de todo lo que me dieron”. Porque si algo soy en la vida, se lo debo a la gente. A veces siento esa necesidad de hacer mucho más por la comunidad. En la medida que puedo hacerlo, colaboro con los centros vecinales, con las parroquias, con las escuelas y no pierdo de vista a los clubes. Y eso, sinceramente, me hace sentir muy bien. Pero mucho más me hubiera gustado poder hacerlo desde otro lado. Es más: diría que tal vez hoy sea un poco tarde para dedicarme a la función pública. Pero soy muy sincero: si me hubiera decidido por hacer política, seguramente habría comenzado por hacer una limpieza a fondo, quedándome con lo bueno y descartando lo malo. Y estoy seguro de lo que hubiese pasado: terminaría dando un portazo y ganándome un buen número de enemigos. 
  -Estamos en presencia de un chacarero de pura cepa.
  -Toda la vida. Nací, crecí y vivo en Valle Viejo. Circunstancialmente puse un negocio en la Capital (“Primo A. Prevedello”, por avenida Antonio del Pino 1183, ex avenida Sánchez Oviedo, sector Oeste), pero hasta el día de hoy sigo viviendo en Las Chacras. Soy chacarero (lo dice con indisimulado orgullo).
  -¿Cuál fue lo primero: la pasión por el deporte o la visión comercial?
  -Digamos que al deporte siempre lo llevé en la sangre, es una cuestión de genes; eso está a la vista. Jugué el fútbol en Villa Dolores y no llegué a jugar en primera. Después me dediqué más al básquetbol durante muchos años y hasta jugué en los veteranos. Desde los 29 años, de manera simultánea jugaba al básquetbol y al automovilismo; ésta última actividad muchas veces se vio limitada por la falta de recursos económicos, porque el automovilismo es un deporte caro. Corría con mi hermano Carlos, un hermano excepcional, un enamorado de las carreras y un gran navegante. Hoy sigo corriendo, pero ya forma parte de la pasión, nada más; lo hago en el rally argentino, en el zonal, pero ya responde a un compromiso con los muchachos. Le dedico dos fines de semana de cada mes, con el “acompañamiento” de la familia: “vos estás loco”, pero bueno…forma parte de mi vida.
  -Y ahora tenés una hija dedicada al deporte motor.
  -Te cuento: tuve un problema de salud, por lo que dejé de correr un tiempo. Después, ya recuperado, me fui a centro asistencial en Buenos Aires y me dijeron que tenía mucho estrés y que debía hacer lo que a mí me gustaba. Ya tenía 57 años y todavía contaba con el “R18”, el coche de los grandes éxitos –no me olvido del Fiat 125, que me dio varias victorias-. Era la época de Dito Marenco, el “Loco” (Carlos) Demelchiori, el “Negro” (Luis) Filippín, el “Gringo” (Dante) Vázquez y tantos otros que le dieron brillo al automovilismo de Catamarca. Bien, entonces vuelvo de hacerme ver con los médicos en Buenos Aires y me subo otra vez al “R18”. Le pregunté a mi hija Meliza si me acompañaría como navegante, me dio el visto bueno, hicimos un año completo el zonal y salimos subcampeones. A fines de año, me dijo: “papá, para la próxima temporada vos vas en la butaca del navegante y yo manejo”. Y así fue, y anduvo bien. Salió campeona en Tucumán, en Santiago del Estero salió segunda y aquí siempre estuvo en los primeros puestos. Por supuesto que estoy muy feliz por su desempeño. Hoy por hoy está dedicada al rol de mamá, desde hace pocos días; tuvo una hermosa nena.

El doloroso recuerdo

El momento menos deseado de la entrevista: hacer mención a la trágica desaparición de su hijo. Con el debido respeto, le dijimos que había sido alcanzado por la tragedia y que respetábamos su decisión de hablar sobre el tema o guardar silencio. Esto dijo: “Si…desgraciadamente fue así. Digo que soy una persona que ha sido premiada por Dios en todo: amistades, el deporte y distintos ciclos de la vida. Pero también está el  otro costado, el no querido. Antonito murió a los 18 años, hace más de 15. Ya se venía a dormir a la casa y unos amigos le pidieron que los llevara a La Casona. Cuando volvía tenía que dejar a un chico en Polcos y en esa curva volcó. Siempre sostuve que el maldito sistema me lo llevó a mi hijo: no tengo nada contra nadie, pero en la ruta donde fue el accidente había un hueco de un metro de largo que parecía un cráter. Allí reventaron dos ruedas y se produjo el vuelco. Fue muy duro y sigue siendo duro. Y te aseguro que tenía un futuro extraordinario: era calcado a mi viejo. Lo amaba todo el mundo”.

En el nombre del padre

¡Cuánto se puede decir del padre de nuestro entrevistado! Don Primo del trabajo.Don Primo de la familia. Don Primo de la Liga Chacarera. Don Primo del Ateneo Mariano Moreno. Don Primo de los amigos.  Don Primo del truco “por la vuelta”. Don Primo de Valle Viejo. Don Primo buen tipo. Don Primo generoso. Antonio tiene la palabra: “creo que fue presidente de la Liga Chacarera de fútbol durante 38 años. Tenía pasión por la liga y el Ateneo Mariano Moreno. Más de una vez lo quisimos llevar a Italia y siempre nos respondía: ´miren: con la familia, el negocio y los clubes, ya está, suficiente, vayan ustedes´. Pero arranquemos desde un principio: mi abuelo Juan Prevedello vino de Italia en 1914, apenas con lo puesto. Este ´gringo´ se largó solo y a los 7 años de trabajo le mandó plata a la ´nona´ para que se venga de Italia. Una turca hermosa, de apellido Samix y pasó algo para no creer: ¡la plata se perdió en Europa! El abuelo laburó otros 3 años y le volvió a mandar la plata y de esa manera se vino mi abuela. El abuelo trajo la profesión de carpintero y herrero  en su cuerpo, en su sangre. También hacía pozos de agua, por lo que fue a parar a Huaycama. También hizo un pozo frente a la escuela normal en San Isidro. Con unos ahorros compró un terreno en Tres Puentes, hoy conocido como la esquina de los semáforos. Escuchá esto: se venía desde Valle Viejo hasta la Capital los domingos por la noche en bicicleta y así amanecía los lunes en el negocio de Valentino Bernardi. En esa época no había pavimento, eran todo camino de tierra. Y así iba comprando la mercadería: de tres bulones y otros elementos, hasta formar una ferretería en Tres Puentes. Tenía una cajita de clavos, otra de tornillos y así. De esa manera nació la ferretería Prevedello. Después vino YPF y le puso un surtidor de nafta. Luego se sumaron papá y el tío (Juan) Nene. Mi mamá aportaba lo suyo: puso una carbonería en la casa (donde hoy funciona el negocio de Carlos Prevedello, a metros de la Plaza del Aborigen). Mi madre era chacarera, de Fray Mamerto Esquiú. Se llamaba Ana María Brunello. (Pone un gesto como si hablara con el corazón) Mi mamá era hermosa, fue reina de los estudiantes, salió del Colegio de El Huerto y se casó con papá. Fue una pareja formidable: papá era bien ´fachero´, pero mamá era muy linda. Una mujer que con toda su belleza paleaba carbón, llenaba las bolsas y las colocaba sobre los burros. Así fueron creciendo económicamente. De ahí vinimos los hijos y comenzamos a colaborar: ya vendíamos carbón, leña, kerosene, maíz, fardos de pasto. Un día cayó alguien y nos ofrece cal para vender y así se seguía agrandando el negocio.
  *Una de las grandes historias lugareñas que protagonizó don Primo Prevedello tenía lugar los viernes por la noche en el Ateneo Mariano Moreno: “Los viernes de jugar al truco”. Antonio recuerda que su padre se juntaba con Elías Morales (el fallecido papá de María soledad Morales), León Fernández, “El Negro” Chávez, el juez Reynoso, Juan Prevedello y otros. “Jugaban largas horas. Se comían una picada de milanesa o fiambre y se tomaban un vino Toro, con el sifón de soda al lago. Eso tomaban los ´changos´. Y los partidos de truco eran por la consumición. Primo era muy querido y muy respetado. Tenía una gran generosidad y sentido de la amistad. A nosotros, en la mesa familiar, bastaba sólo con su mirada y ya entendíamos todo.”

Por Kelo Molas
 

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